viernes, 2 de octubre de 2026

Post 6 Los casos clínicos y la experiencia profesional como activo intangible – 6 de 15

 


Serie: “Activos intangibles sanitarios, AIS, generados por médicos, enfermeros y demás profesionales o prestadores de servicios de salud” #ActivosIntangiblesSanitarios


Un profesional de la salud acumula durante su ejercicio un patrimonio de conocimiento que no aparece necesariamente en ningún registro formal. Cada paciente, cada diagnóstico, cada intervención, cada complicación y cada resultado contribuyen a formar experiencia profesional.

Desde una perspectiva empresarial, esa experiencia puede tener un valor considerable.

Un especialista que durante veinte años ha atendido determinados casos posee un conocimiento práctico que puede diferenciarlo de otros profesionales. Una institución que ha tratado miles de situaciones puede haber desarrollado una capacidad organizativa y técnica que forma parte de su posicionamiento en el mercado.

En este contexto, hay que establecer una frontera fundamental, por un lado está la experiencia profesional que puede ser un activo intangible del profesional o de la organización, por otro lado están los datos identificables de los pacientes que no se convierten por ello en propiedad del profesional o de la empresa. De ninguna manera.

Un caso clínico puede tener valor científico o docente. Puede servir para explicar una patología, ilustrar una técnica, analizar una complicación o demostrar la evolución de determinado tratamiento. Sin embargo, si la persona puede ser identificada, aparecen inmediatamente cuestiones relativas a datos personales, secreto profesional, confidencialidad e imagen. La Ley N.º 18.331 considera sensibles los datos relativos a la salud y establece reglas específicas para su tratamiento. La ley contempla el tratamiento de datos sanitarios por establecimientos y profesionales de la salud, siempre respetando el secreto profesional, la normativa específica y el régimen de protección de datos. De manera que el valor empresarial o científico del caso no elimina la necesidad de proteger la información.

Sin embargo, si un caso puede utilizarse sin que el paciente sea identificable, el análisis jurídico cambia. No se trata simplemente de quitar el nombre, debe analizarse si, considerando el conjunto de circunstancias, la persona puede seguir siendo identificada. Un caso extremadamente raro, acompañado de fecha exacta, fotografía, profesión, edad, localidad y detalles particulares, puede permitir identificar a una persona aun cuando se haya eliminado su nombre.

La anonimización o disociación exige, por tanto, una evaluación real del riesgo de identificación.

También debe distinguirse el uso científico del uso publicitario.

Un caso utilizado en una publicación académica o en una actividad docente puede tener una finalidad diferente de un caso utilizado para promocionar un tratamiento o una clínica. No debería utilizarse una autorización genérica como si todas las finalidades fueran equivalentes.

Para una institución sanitaria, sería recomendable establecer un procedimiento interno para el uso de casos. Ese procedimiento debería definir quién puede seleccionar un caso, cómo se disocian los datos, qué documentación puede utilizarse, quién revisa el material y para qué finalidades puede difundirse.

Los casos pueden transformarse en un verdadero activo de conocimiento institucional, para estadísticas, estudios, series de resultados, materiales de formación, protocolos y publicaciones. Sin embargo, el valor para la empresa de dicho AIS está en el conocimiento procesado que aplica en su gestión específica, jurídicamente utilizable, no en apropiarse de dato alguno vinculado con la identidad del paciente.

Hay facetas de la experiencia profesional que también pueden ser objeto de protección contractual. Un profesional que participa en un proyecto de investigación o en la elaboración de un protocolo puede aportar conocimiento adquirido durante años. La institución debería reconocer qué aporta cada parte y quién podrá utilizar los resultados, si es que eso se admite. Para valorizar la experiencia hay que transformarla en conocimiento organizado, sin confundir conocimiento profesional con información personal protegida.




Imagen: https://publicdomainreview.org/collection/miniatures-from-a-12th-century-medical-and-herbal-collection/


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