jueves, 5 de noviembre de 2026

Marcas en plataformas digitales o el poder marcario de la plataforma



Comencé pensando en un post básico sobre el tema, pero luego fueron surgiendo facetas diversas que extendieron mi reflexión a varios puntos. Cada uno de ellos merece un artículo científico, a su vez. Quedan enumerados en este artículo.


1 Introducción


En el derecho de marcas clásico, la marca cumple básicamente una función distintiva, permitiendo identificar el origen empresarial de determinados productos o servicios y diferenciarlos de los ofrecidos por otros operadores. De esta forma se sustenta un derecho de exclusiva, cuyo contenido consiste en impedir determinados usos de signos idénticos o semejantes que puedan generar confusión, asociación o aprovechamiento indebido, dentro del ámbito de protección correspondiente.

En este contexto, la economía digital introduce una dinámica que añade funcionalidad al signo marcario, que continúa siendo un signo distintivo en su consideración jurídica pero, simultáneamente, se ha transformado en una pieza de una infraestructura de acceso al mercado. Es una faceta distinta y bien definida. En un marketplace, en una app store, en un buscador o en una plataforma de intermediación, quien controla la estructura digital puede determinar qué signos son visibles, qué productos aparecen primero, qué vendedores pueden utilizar determinadas denominaciones, qué ofertas son accesibles al consumidor y bajo qué condiciones.

Además de los temas tradicionales de derecho de marcas, aparecen o pueden aparecer problemas por el control de acceso a la demanda en ese mercado, y por la finalidad o efecto que tiene dicho acceso en relación con una eventual restricción o distorsión de la competencia.

Es dable pensar que en determinados mercados digitales, el poder económico asociado a una marca ya no depende siempre, directamente, de la capacidad de excluir usos del signo, sino de la capacidad de controlar las condiciones tecnológicas bajo las cuales ese signo llega al consumidor. Es decir, cada vez más, en esta realidad, el derecho de marcas y el derecho de la competencia se encuentran relacionados operativamente.


2 La fuerza del derecho de exclusiva marcaria


La ley n.° 17.011 parte de una concepción clásica de la marca. Su artículo 1.º la define como el signo con aptitud para distinguir los productos o servicios de una persona física o jurídica de los de otra. El artículo 9.º establece que el derecho a la marca se adquiere mediante el registro y que éste genera una presunción de titularidad legítima. La titularidad marcaria se adquiere respecto de los productos y servicios para los cuales fue solicitada. Así lo establece el artículo 11.

Esta delimitación es particularmente importante en el entorno digital. El registro de una marca no convierte a su titular en propietario de la palabra, imagen o signo en abstracto ni le atribuye un poder general sobre toda utilización del signo en Internet. El derecho de exclusiva continúa estando jurídicamente determinado por el objeto de protección y por las funciones que el ordenamiento atribuye a la marca. En cuanto a límites de los derechos del titular, para la actividad comercial es fundamental el artículo 12, que dispone que no podrá impedirse la libre circulación de productos marcados que hayan sido legítimamente introducidos en el comercio por el titular o con su autorización, bajo las condiciones previstas por la norma.

La consecuencia conceptual de la combinación de estos conceptos clave nos conduce a concluir que el derecho marcario no equivale a un derecho general de control sobre todos los canales posteriores de comercialización del producto.

Cuando una marca aparece en un marketplace, el titular puede tener derecho a impedir determinados usos infractores, pero ello no significa automáticamente que pueda controlar toda referencia legítima a su marca, toda reventa de productos originales o toda comunicación comercial en la que el signo sea utilizado de manera jurídicamente admisible.


3 La marca en el marketplace


El marketplace no es una mera versión electrónica del mercado tradicional. Es una infraestructura de intermediación que organiza la interacción entre vendedores y consumidores.

En el comercio físico, el titular de una marca puede controlar determinados aspectos de su distribución mediante contratos, redes comerciales, licencias, franquicias o políticas de distribución. En un marketplace, en cambio, una parte creciente del poder económico está situada en un tercero, la empresa operadora de la plataforma. Esta decide, entre otras cuestiones, cómo se presentan los productos, qué información debe suministrar el vendedor, qué condiciones debe cumplir para ingresar, qué mecanismos de reputación se utilizan, cómo se ordenan los resultados, qué productos son recomendados, qué vendedores aparecen primero y qué publicidad recibe mayor visibilidad.

La marca se inserta así dentro de un sistema de clasificación algorítmica. El consumidor ya no encuentra solo una marca, sino una posición de la marca dentro de la arquitectura de la plataforma.

Una determinada marca puede ser jurídicamente válida, notoria y perfectamente protegida desde el punto de vista del Derecho de propiedad industrial y, sin embargo, encontrarse comercialmente relegada porque el algoritmo de la plataforma le concede menor visibilidad. A la inversa, una plataforma podría favorecer determinadas marcas o productos propios y reducir artificialmente la visibilidad de competidores. El debate va más allá del derecho de marcas.


4 ¿Redefinición de la infracción en derecho de marcas?


Una cosa es que un tercero utilice ilegítimamente una marca. Otra, diferente, es que quien controla una infraestructura digital determine quién puede llegar al consumidor utilizando legítimamente su propia marca.

En el primer caso estamos ante un problema típico de propiedad intelectual: falsificación, imitación, uso no autorizado o riesgo de confusión. Típicamente están regulados por la ley n.° 17.011, quecontempla la oposición frente al registro de signos que puedan producir confusión y establece acciones civiles y penales frente a determinadas conductas ilícitas respecto de marcas registradas. Los artículos 14, 20 y 81 y siguientes forman parte de ese sistema de protección.

En el segundo caso hay que analizar qué sucede cuando el signo es legítimo pero la infraestructura que permite acceder al consumidor está controlada por un operador que puede condicionar ese acceso. Reconozcamos que no es un tema del signo como tal que ha elegido un tercero frente a un signo registrado como marca, sino del uso que el titular registral marcario le da a su marca. Son situaciones muy distintas. En la segunda estamos ante el derecho de la competencia.

La ley n.° 18.159 en su artículo 1.º declara como objetivos el bienestar de consumidores y usuarios, la promoción y defensa de la competencia, la eficiencia económica y la libertad e igualdad de condiciones de acceso de empresas y productos a los mercados. En su artículo 2.º prohíbe el abuso de posición dominante y las prácticas, conductas o recomendaciones que tengan por objeto o efecto restringir, limitar, obstaculizar, distorsionar o impedir la competencia actual o futura en el mercado relevante. Admite la consideración de ganancias de eficiencia y del beneficio trasladado a los consumidores. En cuanto al concepto de posición dominante, a su vez, aparece definida en el artículo 6.º en términos de capacidad para afectar sustancialmente las variables relevantes del mercado con independencia de las conductas de competidores, compradores o proveedores.

Para valorar debidamente una conducta, debe establecerse si posee una posición que le permita afectar sustancialmente las variables competitivas relevantes y, posteriormente, si ha utilizado esa posición de manera abusiva. La posición dominante no es ilícita en sí misma. Lo ilícito es su abuso.


5 Plataforma y acceso al mercado


Tomemos el caso de una app store como ejemplo paradigmático. Para muchos desarrolladores, la tienda de aplicaciones no es simplemente un canal comercial entre otros, pues puede constituir la vía esencial para llegar a los usuarios de determinado sistema operativo.

La OCDE ha destacado precisamente el carácter estratégico de las app stores y los riesgos competitivos que pueden aparecer cuando el operador de la infraestructura controla simultáneamente el sistema operativo, la tienda de aplicaciones y determinados servicios que compiten con los productos de terceros. Entre los problemas identificados se encuentran restricciones, condiciones discriminatorias, comisiones y obstáculos al acceso de competidores. (OECD, 2023).

La Comisión Europea ha desarrollado la noción de gatekeeper o "guardián de acceso", respecto de esta situación. El Digital Markets Act, DMA, considera, entre otros, a los marketplaces y las app stores como servicios básicos de plataforma que pueden constituir una puerta de acceso entre empresas y consumidores. Corresponde analizar quién controla el acceso a la plataforma y cuál es el alcance de sus facultades.


6 Operador de la plataforma y a la vez competidor.


El tema se complica cuando la plataforma no actúa solamente como intermediaria. Tomemos el caso de un marketplace que permite que cientos de empresas comercialicen productos, pero que simultáneamente ofrece productos propios que compiten con los de esos vendedores.

La plataforma posee entonces información privilegiada sobre demanda, precios, preferencias de los consumidores, tasas de conversión y comportamiento de los vendedores. Además, controla las reglas de posicionamiento.

Aparece así un potencial conflicto de intereses, pues el mismo agente que establece las reglas del mercado participa en el mercado regulado por esas reglas. Este tema no se resuelve por derecho de marcas. Una marca propia de la plataforma puede ser perfectamente válida, ese no es el problema. Lo problemático podría ser, en determinadas circunstancias, la utilización de la infraestructura para favorecer sistemáticamente esos productos frente a los competidores.


7 El algoritmo puede excluir sin prohibir


En los mercados tradicionales, una exclusión puede ser visible: un competidor es expulsado, no se le permite vender, se le niega el suministro o se le impone una condición contractual determinada.

En una plataforma digital, la exclusión no está tan visibilizable. El competidor puede permanecer estrictamente en el mercado, en la plataforma, pero aparecer ubicado en posiciones inferiores en la lista, recibir menos recomendaciones, perder acceso a determinadas herramientas, ver reducida su visibilidad, entre otros efectos.

En las situaciones antes nombradas, teóricamente existe acceso, en la plataforma está. Pero ese acceso o visibilidad resultar irrelevante a efectos prácticos.

Este tipo de situaciones evoca al artículo 4.º de la ley n.° 18.159, norma que considera prácticas prohibidas, cuando concurren las circunstancias del artículo 2.º, entre otras, limitar o restringir producción, distribución o desarrollo tecnológico; aplicar condiciones desiguales a prestaciones equivalentes; impedir acceso a infraestructuras esenciales; y obstaculizar el acceso al mercado de potenciales entrantes. Se trata de una lista expresamente enunciativa.

No es necesario que una conducta digital tenga un nombre tecnológico propio para quedar comprendida dentro de una categoría jurídica.


8 La marca como activo y como instrumento de exclusión


Las grandes marcas son activos económicos muy valiosos. Su valor no depende exclusivamente del registro, sino también de reputación, reconocimiento, confianza, asociaciones de calidad, fidelidad del consumidor y capacidad para generar demanda.

En una plataforma digital, esa demanda puede ser canalizada por diversos mecanismos tecnológicos. La plataforma puede utilizar una marca como término de búsqueda, criterio de clasificación, categoría comercial, elemento de publicidad o mecanismo de recomendación.

Se puede identificar necesidades recíprocas. La plataforma puede necesitar la marca para organizar la demanda que atrae a sus usuarios, mientras que el titular de la marca necesita la plataforma para acceder a esa demanda. Ambos poseen un activo que el otro necesita. La diferencia está en que el operador de la plataforma puede controlar la infraestructura sobre la cual se produce la interacción.

La marca no es solamente un instrumento de apropiación jurídica de un signo, pues pasa a funcionar como un punto de conexión entre reputación, demanda y arquitectura digital.


9 App stores, con faceta problemática


Supongamos que hay un desarrollador que posee una aplicación y, eventualmente, una marca asociada. Sin embargo, para alcanzar al usuario necesita ingresar al ecosistema de distribución.

La plataforma, con su posición de fuerza de negociación, determina para el desarrollador las condiciones de admisión, la comisión aplicable, los mecanismos de pago que prefiere, las restricciones posible para ofertas alternativas, incluso condiciones para la distribución fuera de la tienda. Hemos citado algunos ejemplos más frecuentes de condiciones, pero podrían ser muchas otras.

En Europa, estas cuestiones han sido objeto de una regulación específica a través del Digital Markets Act, conocida como DMA. La Comisión Europea señala, por ejemplo, que Apple y Google, como operadores de app stores designados como gatekeepers, están sujetos a obligaciones relativas a distribución alternativa, comunicación con usuarios, sistemas de pago y condiciones de acceso justas, razonables y no discriminatorias.

Como ejemplo puede citarse al caso Apple. En abril de 2025 la Comisión Europea concluyó que Apple había incumplido la obligación de anti-steering del DMA, al imponer restricciones que impedían a los desarrolladores informar adecuadamente a los consumidores sobre alternativas de compra fuera de la App Store.

Hay un cambio de perspectiva, en tanto no se trata únicamente de proteger la propiedad intelectual del desarrollador, sino de garantizar que pueda utilizar razonablemente la infraestructura de acceso a los consumidores.


10 Derecho uruguayo


Uruguay no cuenta con un régimen equivalente al Digital Markets Act europeo específicamente destinado a los grandes gatekeepers digitales, pero de los principios generales se han de derivar las normas aplicables.

La ley n.° 18.159 posee conceptos suficientemente amplios para permitir analizar conductas de plataformas cuando se configuren los presupuestos de una infracción: mercado relevante, posición dominante, abuso, efectos sobre la competencia y eventual afectación del acceso al mercado.

Además, el ámbito subjetivo de la ley es amplio. El artículo 3.º comprende a personas físicas y jurídicas, públicas y privadas, nacionales y extranjeras, que desarrollen actividades económicas en Uruguay, incluyendo actividades desarrolladas en el extranjero cuando desplieguen total o parcialmente sus efectos en territorio uruguayo.

Esto tiene evidente relevancia para las plataformas digitales globales.

La ausencia de establecimiento físico en Uruguay no elimina, por sí sola, la posibilidad de que una conducta produzca efectos jurídicamente relevantes en el mercado uruguayo.

Para aplicar la ley n.° 18.159 a plataformas digitales se debe comenzar por definir correctamente el mercado relevante.

El artículo 5.º de la ley exige analizar los productos o servicios sustitutos y el ámbito geográfico correspondiente, identificando el espacio de competencia efectiva.

En una plataforma pueden coexistir varios mercados:

a mercado de intermediación;

b mercado de publicidad digital;

c mercado de búsqueda;

d mercado de aplicaciones;

e mercado de sistemas operativos;

f mercado de medios de pago;

g mercado de servicios logísticos;

h mercado de determinados bienes o servicios comercializados dentro de la plataforma.

La plataforma puede tener una posición dominante en uno y no tenerla en otro, porque es un error frecuente identificar la plataforma como un mercado único. Esta estructura digital puede ser un conjunto de mercados relacionados, conectados por efectos de red y por datos.

Una conducta puede ser competitivamente relevante porque una posición adquirida en un mercado se utiliza como palanca para afectar otro.


11 Los efectos de red y el valor de la marca


Cuantos más consumidores utilizan una plataforma, mayor puede ser su atractivo para los vendedores. Cuantos más vendedores participan, mayor puede ser su atractivo para los consumidores.

Se genera así un círculo de retroalimentación.

La marca de la plataforma participa en este proceso, pero no es el único elemento.

La reputación, la base de usuarios, los datos, la interoperabilidad, los efectos de red, los costos de cambio y la integración con otros servicios pueden generar barreras de entrada mucho más importantes que el derecho marcario.

Por ello, resulta insuficiente analizar el poder de mercado desde la sola perspectiva de los activos de propiedad intelectual.


12 Marca notoria y plataforma ubicua, no es lo mismo


La problemática se vuelve aún más interesante cuando se trata de marcas notorias. La notoriedad supone un elevado grado de conocimiento del signo y justifica, en determinados supuestos, una protección reforzada. La ley n.° 17.011 contempla la reproducción, imitación o traducción de marcas notoriamente conocidas dentro de sus prohibiciones de registrabilidad.

Sin embargo, una marca ampliamente conocida en una plataforma no necesariamente tiene poder de mercado en sentido antitrust. Por otra parte, a la inversa, una plataforma puede tener enorme poder de mercado sin que su signo constituya una marca notoria en todos los sectores en los que opera.

Notoriedad marcaria y poder de mercado son conceptos jurídicos distintos.

Confundirlos provoca dos errores:

a atribuir al titular de una marca notoria un poder competitivo que el mercado no confirma; o

b desconocer el poder económico de una plataforma porque su posición no deriva primariamente de la fuerza de su marca.


13 La marca del tercero frente al poder de la plataforma


Una plataforma puede utilizar el signo de un tercero para permitir búsquedas o clasificar productos sin que ello constituya necesariamente una infracción, a la manera de metatags. También podría emplearlo dentro de un modelo de publicidad, posicionamiento o recomendación que genere conflictos competitivos.

La utilización de la marca como keyword, por ejemplo, no puede analizarse abstractamente. Hay que determinar su función concreta, la forma en que aparece ante el consumidor, el contexto comercial y los eventuales efectos sobre la identificación del origen empresarial.

Cuando la plataforma utiliza la marca de un competidor para dirigir al consumidor hacia productos propios o de terceros se involucran diversos aspectos, tales como: uso marcario, publicidad, competencia desleal, protección del consumidor, competencia económica, funcionamiento algorítmico de la plataforma.

Sin embargo, no todo uso de una marca ajena es infracción, ni toda utilización tecnológicamente legítima es irrelevante para el Derecho de la competencia.


14 El consumidor como destinatario del mensaje en el mercado


La ley n.° 17.250 define al consumidor como quien adquiere o utiliza productos o servicios como destinatario final y al proveedor como quien desarrolla profesionalmente actividades de producción, distribución o comercialización de productos o servicios en una relación de consumo.

En el entorno digital, la decisión del consumidor puede estar condicionada por la arquitectura de la plataforma. No siempre el consumidor elige directamente una marca, porque a veces puede elegir entre las alternativas que el algoritmo le muestra que no necesariamente expresan o priorizan la expresión marcaria.

Esto cambia la economía de la elección. En el comercio tradicional, la marca puede funcionar como señal de calidad, procedencia y reputación. En una plataforma, además, puede convertirse en una variable dentro de un sistema automatizado de recomendación.

La competencia por el consumidor puede producirse entonces antes de que el consumidor tenga la oportunidad efectiva de comparar las marcas.

El problema competitivo se desplaza, pues, hacia la etapa previa a la elección.


15 Del poder de excluir al poder de ordenar


El Derecho de propiedad intelectual tradicionalmente se ocupa de buena parte de las facultades de exclusión. Ello está en la definición propiamente dicha. Actualmente, la plataforma digital introduce una dimensión diferente: el poder de ordenación.

Excluir significa impedir que otro utilice un signo.

El poder de ordenar al que aludimos significa determinar quién aparece primero, quién recibe una recomendación, quién obtiene mejores condiciones, qué producto se ofrece como alternativa, incluso qué vendedor puede alcanzar determinada audiencia.

Este poder puede ser económicamente tan importante como el primero o incluso más importante.

Una plataforma no necesita prohibir la entrada de un competidor si puede colocarlo sistemáticamente en una posición en la que los consumidores prácticamente no lo encuentren. La competencia digital puede ser afectada no por una puerta cerrada, sino por una puerta que se abre de manera desigual.

Teniendo presente estas posibilidades, hay que considerar la aplicación del artículo 4.º de la Ley n.° 18.159, que considera, bajo las condiciones de su artículo 2.º, prácticas prohibidas aquellas - ya antes mencionadas - que limiten o restrinjan la distribución o el desarrollo tecnológico, apliquen condiciones desiguales en prestaciones equivalentes, impidan el acceso de competidores a infraestructuras esenciales u obstaculicen el acceso de potenciales entrantes al mercado.

Por otra parte, en mercados digitales, la noción de infraestructura no debería interpretarse necesariamente de manera exclusivamente física. Una infraestructura digital puede ser:

a un sistema operativo;

b una app store;

c una API;

d una red de usuarios;

e una plataforma de intermediación;

f una infraestructura de pagos;

g un sistema de identificación;

h un motor de búsqueda;

i una infraestructura de datos.

Naturalmente, no toda plataforma constituye una infraestructura esencial en sentido jurídico, hay que hacer un análisis concreto.

De todas maneras hay una interrogante básica para definir, que es si puede el control privado de una infraestructura digital convertirse en un poder privado de regulación del acceso al mercado.


16 La marca como "pasaporte" de entrada


En el comercio tradicional, la marca funciona como un signo que acompaña al producto, mientras que en la economía de plataformas, la marca puede funcionar como un pasaporte de entrada a una determinada audiencia.

Una marca reconocida atrae búsquedas, genera tráfico y puede reducir los costos de adquisición de clientes. Sin embargo, ese tráfico necesita atravesar una infraestructura digital.

La plataforma controla parte del trayecto entre la marca y el consumidor, de donde puede surgir una nueva forma de dependencia económica. El titular de la marca puede poseer el signo, pero no necesariamente controlar el canal mediante el cual el signo alcanza al consumidor. La plataforma puede no ser propietaria de la marca, pero puede controlar las condiciones bajo las cuales esa marca adquiere visibilidad comercial.

Esta inversión de posiciones explica por qué Derecho de marcas y Derecho de la competencia deben ser analizados conjuntamente.


17 ¿Puede el titular de la marca utilizar su exclusiva para bloquear una plataforma?


Depende. El titular de una marca dispone de derechos exclusivos, pero esos derechos tienen un objeto y unos límites determinados. El registro no otorga un monopolio general sobre la actividad económica relacionada con el signo. La ley n.° 17.011 vincula la titularidad a los productos y servicios para los cuales la marca fue solicitada y reconoce la libre circulación de productos legítimamente introducidos en el comercio en las condiciones del artículo 12.

Por lo tanto, una estrategia empresarial consistente en utilizar sistemáticamente el Derecho marcario para impedir toda intermediación digital alternativa no es segura. En algunos casos puede funcionar bien o hacerlo a corto plazo, pero en muchos otros no dará resultado.

En determinadas circunstancias, una plataforma podría constituir un canal legítimo de distribución y la oposición absoluta a su utilización podría generar cuestiones jurídicas que exceden el ámbito estrictamente marcario.

Esto no significa que el titular deba aceptar cualquier utilización de su marca, sino que deben distinguirse los usos infractores de los usos legítimos y, dentro de estos últimos, analizar si existen restricciones contractuales, regulatorias o competitivas adicionales.


18 La necesaria complementariedad entre propiedad intelectual y competencia


La propiedad intelectual y el derecho de la competencia no deben ser concebidos como sistemas enfrentados. Ambos forman parte de una misma arquitectura económica.

El derecho de marcas concede exclusividad porque la identificación empresarial produce valor económico y favorece determinadas funciones del mercado.

El derecho de la competencia interviene cuando el ejercicio del poder económico excede los límites compatibles con el funcionamiento competitivo del mercado.

La ley n.° 18.159 lo expresa de manera particularmente clara: reconoce que la conquista del mercado fundada en una mayor eficiencia no constituye por sí misma una conducta restrictiva, pero prohíbe el abuso de posición dominante y las conductas que restrinjan la competencia.

La clave, por tanto, no consiste en castigar el éxito, sino en distinguir entre competir mejor y controlar las condiciones de competencia.


19 Discriminación algorítmica


El futuro del problema probablemente estará menos en las prohibiciones explícitas y más en las decisiones automatizadas.

Una plataforma podría establecer formalmente condiciones idénticas para todos los vendedores y, sin embargo, aplicar algoritmos que produzcan resultados sistemáticamente diferenciados.

Esto plantea problemas probatorios importantes que podrían plantearse en torno a las siguientes interrogantes.

¿Cómo demostrar que una marca recibe menor visibilidad?

¿Cómo determinar si la diferencia responde a eficiencia, calidad, relevancia o a una estrategia de exclusión?

¿Cómo reconstruir el funcionamiento de un algoritmo?

¿Cómo establecer un nexo causal entre la regla tecnológica y el deterioro de la posición competitiva?

La experiencia comparada demuestra que estas preguntas ya forman parte del derecho de la competencia digital. El caso Google Shopping constituye precisamente un ejemplo de cómo la presentación privilegiada de resultados propios puede adquirir relevancia competitiva cuando una empresa posee una posición dominante en una infraestructura de búsqueda.


20 Hacia una teoría del "poder marcario de plataforma"


Este es uno de los temas de los que más se habla o escribe actualmente en la web. Si de este análisis de tan diversos elementos que venimos realizando puede extraerse una categoría conceptual que resulta útil para la investigación jurídica. Sería el hoy denominado poder marcario de plataforma.

No se trataría de una nueva categoría legal, sino de una herramienta analítica para describir situaciones en las cuales confluyen tres elementos:

a un derecho de propiedad intelectual sobre un signo;

b una infraestructura digital capaz de organizar el acceso a la demanda;

c una posición económica que permite condicionar significativamente la competencia.

El poder relevante no proviene entonces exclusivamente de la marca.

Proviene de la combinación entre la marca y la infraestructura.

En una plataforma, la propiedad intelectual puede funcionar como activo, señal, criterio de búsqueda, mecanismo de reputación y fuente de tráfico. Pero el operador de la plataforma puede añadir a ello una capacidad adicional: organizar la visibilidad del activo marcario dentro del mercado digital.

Esta combinación es jurídicamente novedosa y tiene una visión muy realista en la actualidad.



EN DEFINITIVA

La historia del Derecho de marcas puede describirse, simplificadamente, como una historia de protección del signo frente a la confusión y de reconocimiento de un ámbito de exclusividad sobre determinados usos.

La historia de las plataformas digitales introduce una variable diferente, porque la cuestión central ya no es solamente quién puede utilizar el signo. Es también quién decide cómo, cuándo y ante quién ese signo puede ser visto.

Una plataforma puede no apropiarse jurídicamente de una marca y, sin embargo, tener una influencia extraordinaria sobre su valor económico. Puede determinar su visibilidad, su posicionamiento, su accesibilidad, la comparación con otras marcas y la posibilidad efectiva de llegar al consumidor.

Por eso, en la economía digital es tan importante definir quién controla la puerta a través de la cual la marca llega al mercado.

Esta cuestión revela la conexión entre propiedad intelectual y derecho de la competencia. En el derecho uruguayo la ley n.° 17.011 protege la función distintiva y la exclusividad marcaria por un lado, mientras que por otro lado la ley n.° 18.159 protege las condiciones competitivas del mercado y prohíbe el abuso de posiciones dominantes y las conductas que restrinjan, obstaculicen o distorsionen la competencia.

El desafío actual es interpretar ambas disciplinas sin confundirlas. La marca no debe transformarse en una licencia para excluir toda forma de intermediación. La plataforma tampoco debe transformarse, por el mero hecho de controlar la infraestructura, en un regulador privado capaz de decidir arbitrariamente quién puede competir.

Entre ambos extremos se encuentra uno de los problemas centrales del Derecho económico digital: determinar hasta dónde llega el derecho de exclusiva y dónde comienza el poder de acceso al mercado. En ese límite se juega buena parte de la competencia futura.

En particular, para el Derecho uruguayo, la cuestión no es meramente prospectiva. La amplitud de los conceptos contenidos en las leyes n.º 17.011 y n.º 18.159 permite construir respuestas dentro del ordenamiento vigente. Lo que probablemente deberá cambiar con mayor rapidez no es necesariamente la existencia de las categorías jurídicas, sino la forma de aplicarlas a mercados en los cuales la visibilidad, la reputación y el acceso a la demanda son administrados crecientemente por infraestructuras algorítmicas.


Referencias bibliográficas y normativas


Comisión Europea. (2022). Regulation (EU) 2022/1925 of the European Parliament and of the Council of 14 September 2022 on contestable and fair markets in the digital sector (Digital Markets Act). EUR-Lex. https://eur-lex.europa.eu/eli/reg/2022/1925/oj


European Commission. (2025, April 23). Commission finds Apple and Meta in breach of the Digital Markets Act. https://digital-markets-act.ec.europa.eu/commission-finds-apple-and-meta-breach-digital-markets-act-2025-04-23_en


European Commission. (2026). The Digital Markets Act. https://digital-markets-act.ec.europa.eu/index_en


General Court of the European Union. (2021, November 10). Google LLC and Alphabet Inc. v European Commission, Case T-612/17. EUR-Lex. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=ecli%3AECLI%3AEU%3AT%3A2021%3A763


OECD. (2019). An introduction to online platforms and their role in the digital transformation. OECD Publishing. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2019/05/an-introduction-to-online-platforms-and-their-role-in-the-digital-transformation_970fc377/53e5f593-en.pdf


OECD. (2020). The digital transformation of SMEs. OECD Publishing. https://www.oecd.org/en/publications/the-digital-transformation-of-smes_bdb9256a-en/full-report/component-7.html


OECD. (2023). Competition, regulation and growth in a digitized world. OECD. https://www.oecd.org/content/dam/oecd/en/publications/reports/2023/03/competition-regulation-and-growth-in-a-digitized-world_6280b523/1b143a37-en.pdf


Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI/WIPO). (2026). IP Judges Forum 2026: Comparative, Referential and Expressive Use of Trademarks; Online Platforms and Intermediary Liability for IP Infringement. https://www.wipo.int/en/web/judiciaries/judges-forum/2026


Tribunal de Justicia de la Unión Europea. (2024, September 10). Google LLC and Alphabet Inc. v European Commission, Case C-48/22 P. EUR-Lex. https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/CASE/?uri=CELEX%3A62022CJ0048


Uruguay. (1998). Ley n.° 17.011 de 25 de setiembre de 1998, Ley de Marcas, nombres comerciales e indicaciones geográficas. IMPO.


Uruguay. (2000). Ley n.° 17.250 de 11 de agosto de 2000, sobre relaciones de consumo. IMPO.


Uruguay. (2007). Ley n.° 18.159 de 20 de julio de 2007, sobre defensa de la competencia. IMPO






Fotografía: Sintra, Portugal. © Beatriz Bugallo 2016.

martes, 3 de noviembre de 2026

Gonzalo de Berceo y conocer el nombre del autor en el siglo XIII


El pasado 30 de octubre asistí a la conferencia que dictara el Dr. Gonzalo Capellán en la Sala Maggiolo del edificio central de la UDELAR. Se trata de un profesor español, académico de la lengua española, prestigioso, con gran actividad de investigador. Además es Presidente de La Rioja, España. Varios temas surgieron de escuchar a dicho Doctor en Historia, que van a generar algunos posts. El primero de todos es el presente sobre Gonzalo de Berceo.

Conocido como “el primer autor”, en el sentido de que viviendo en el siglo XIII fue quien es reconocido como el primero en poner su nombre en las obras que escribía. Más precisamente se trata del primer poeta castellano de nombre conocido en la tradición historiográfica, al menos hasta ahora, no puede ser una afirmación absoluta sobre todos los escritores medievales porque las investigaciones son siempre dinámicas.

Se sabe y se entiende que en la Edad Media no era uso la referencia al nombre de quién “hacía” las cosas, cosas que fueron muchas veces consagradas como obras de arte a lo largo de los siglos. No es fácil identificar el primero en figurar, algo que evidentemente históricamente se puede atribuir por parte de varios historiadores a Gonzalo de Berceo en relación con obras literarias creadas por él. A partir de esta información, me surgieron una serie de reflexiones que acá presento.


El caso de Gonzalo de Berceo permite reflexionar sobre cuál es momento histórico en que quien escribe comienza a presentarse como autor de lo escrito. Es decir, cuándo aparece en la cultura escrita, concretamente en la cultura escrita medieval, la conciencia de la propia autoría que se expresa mediante el nombre. Su importancia radica en que se identifica como el más antiguo autor de obra escrita – el primero – en cuyos poemas se encuentra una manifestación explícita y deliberada de su identidad como autor, que se incorpora al propio texto.

1 El hombre que quiso decir su nombre

En el siglo XIII apareció un poeta que, al escribir, no se limitó a transmitir una historia, narrar un milagro o celebrar a un santo, sino que también dejó constancia de quién era y de que él había realizado ese trabajo. Se trata de Gonzalo de Berceo, nacido probablemente hacia finales del siglo XII y activo durante el siglo XIII. Su nombre quedó asociado a una de las primeras manifestaciones de la literatura castellana en las que la identidad del escritor se presenta expresamente dentro de la propia obra.

No se conoce su vida con precisión, pero han quedado sus poemas, que permiten escuchar su propia voz cuando se identifica. La importancia de este hecho explica que se lo presente habitualmente como el primer poeta castellano de nombre conocido. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes recoge esa caracterización y destaca que Berceo no es conocido únicamente a través de documentos históricos, sino también por las noticias que él mismo proporciona en sus composiciones (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, s. f.-a).

Conviene, sin embargo, precisar que – claramente - Berceo no fue el primer ser humano que escribió poesía, ni el primer autor de la historia que se identificó, ni siquiera necesariamente el primer escritor medieval en lengua romance cuyo nombre ha llegado hasta nosotros. Su singularidad es que, en una etapa temprana de la literatura castellana, la voz del autor aparece incorporada de manera explícita a la obra y vinculada a la realización de un trabajo literario.

El propio texto contiene una declaración mediante la cual su autor se presenta ante quien lo lee o escucha. En una declaración realizada por Berceo, integrando la escritura de su composición poética.

2 La Rioja del siglo XIII y la lengua castellana en ciernes

Gonzalo de Berceo nació en la localidad riojana que lleva su nombre y estuvo estrechamente vinculado al monasterio de San Millán de la Cogolla. Fue clérigo y recibió formación en un ambiente monástico en el que la escritura, la transmisión de textos religiosos y el conocimiento del latín constituían elementos fundamentales de la actividad intelectual.

Su obra pertenece al llamado mester de clerecía, una tradición poética cultivada por clérigos y hombres de formación letrada. Sus composiciones, en su mayoría religiosas, comprenden vidas de santos, relatos de milagros y textos doctrinales. Entre ellas se encuentran la Vida de San Millán de la Cogolla, la Vida de Santo Domingo de Silos y los conocidos Milagros de Nuestra Señora.

La importancia de Berceo no reside exclusivamente en haber escrito en castellano, sino también en su participación en un proceso cultural decisivo como lo fue la adopción de una lengua romance para comunicar contenidos que anteriormente circulaban, en buena medida, mediante la cultura escrita en latín.

El latín continuaba siendo la lengua de la Iglesia, de la formación intelectual y de buena parte de la documentación escrita. El romance, en cambio, era la lengua de la comunicación cotidiana. La literatura de clerecía contribuyó a desarrollar las posibilidades expresivas de esa lengua, incorporándola a la transmisión de conocimientos religiosos y culturales. Berceo participó así en la consolidación de una tradición literaria (el uso del castellano) haciendo visible su propia intervención en ella.

3 Orígenes del castellano

El español nació en La Rioja, en el monasterio de San Millán de la Cogolla, afirman muchos estudiosos. De dicha localización provienen las Glosas Emilianenses, que son anotaciones marginales e interlineales realizadas sobre un códice latino conservado históricamente en San Millán. Contienen expresiones en latín, romance y euskera. Tradicionalmente fueron consideradas uno de los primeros testimonios escritos del castellano, y su importancia cultural ha dado lugar a la idea simbólica de que allí nació el español.

Sin embargo, corresponde realizar algunas precisiones porque no es absolutamente correcto afirmar sin matices que el castellano nació en ese monasterio. Las lenguas no aparecen en un momento determinado ni en un lugar único: se forman progresivamente, a partir de procesos históricos y lingüísticos complejos.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes advierte que las Glosas Emilianenses, tradicionalmente consideradas los primeros testimonios escritos del español, no pueden identificarse con absoluta precisión como castellanas. Se trata de una lengua romance con características de diversos romances peninsulares (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, s. f.-b).

La discusión es, además, objeto de investigación filológica. Algunos estudios han sostenido que determinados rasgos de las glosas se relacionan con variedades navarro-aragonesas o con una realidad lingüística peninsular más amplia. Por ello, la procedencia geográfica del manuscrito no permite atribuir automáticamente su lengua a una variedad castellana definida (García Turza & García Turza, 1995).

La importancia de San Millán no se reduce para nada, por la consideración de la precisióin realizada. El monasterio constituye un lugar fundamental para el estudio de los primeros testimonios escritos de las lenguas romances peninsulares y del euskera, pero no es lo mismo conservación de un testimonio escrito que el nacimiento histórico de una lengua.

Por otra parte, los expertos destacan que Berceo, para la literatura, representa que la literatura romance ya no se limita a dejar rastros lingüísticos en los márgenes de textos latinos, sino que desarrolla composiciones extensas y elaboradas, con un escritor expresamente identificado.

4 ¿Cómo se presentaba Gonzalo de Berceo como autor?

Basta con que un autor firme su creación, al uso que depende de la obra que se trate, para que – desde el punto de vista jurídico – nazca la presunción relativa sobre la relación de autoría. Por ello es interesante conocer cómo es que materialmente declaraba la autoría nuestro “primer autor” de poemas.

Berceo no utilizaba una firma en el sentido moderno, no estampaba una rúbrica manuscrita al pie de una página ni incorporaba una firma electrónica o una declaración editorial de autoría. Su nombre aparece integrado en la composición poética, mediante versos que cumplen una función de identificación.

Dos pasajes resultan especialmente significativos.

En la Vida de San Millán de la Cogolla, al final de la obra, se lee:

Gonzalvo fue so nomne qui fizo est' tractado,
en Sant Millán de Suso fue de niñez crïado;
natural de Verceo ond' Sant Millán fue nado,
Dios guarde la su alma del poder del pecado. Amén.

La estrofa 489 identifica a Gonzalo como quien hizo el tratado, señala su crianza en San Millán de Suso y menciona su origen en Berceo. La declaración se encuentra en el cierre de la composición, de modo que el nombre del escritor queda asociado al término de la obra.

No es solamente una referencia externa. La expresión «qui fizo est' tractado» atribuye al individuo la realización de ese trabajo. La fórmula se completa con una petición religiosa por su alma, que sitúa la identificación personal dentro de las convenciones espirituales de la época.

En la Vida de Santo Domingo de Silos, también al final del poema, la declaración es todavía más personal:

Yo Gonçalo por nombre, clamado de Berceo,
de Sant Millán criado, en la su merced seo,
de fazer est travajo ovi muy gran deseo,
riendo gracias a Dios quando fecho lo veo.

La estrofa 757 constituye una presentación en primera persona. El poeta dice su nombre, identifica su procedencia, recuerda su vinculación con San Millán y declara su satisfacción por haber concluido el trabajo. La expresión «Yo Gonçalo por nombre» resulta especialmente reveladora. El nombre propio no aparece únicamente como una referencia que alguien incorpora al texto desde afuera. Es el propio hablante quien se presenta.

Me hizo acordar a la égloga de Marcial, varios siglos antes, en las que menciona que Fidentino le “robaba” sus obras. Este texto se suele mencionar como la primera referencia de plagio como algo cuestionable. No es igual porque no comienza por declararse autor o “dueño” de sus textos escritos, pero hay un testimonio de temas de autoría – en este caso agraviada – en ambos autores.

Volviendo a Gonzalo de Berceo, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes reproduce los mencionados pasajes y los identifica como declaraciones de Berceo sobre su propia persona y su actividad literaria (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, s. f.-a).

5 ¿Firmaba al principio o al final?

Hoy el uso es variado. En caso de artículos científicos muchas veces el nombre va delante, bajo el título. En otro tipo de textos la firma es a posteriori, refrendando lo expresado.

Para el caso de Gonzalo de Berceo, depende. Hay que distinguir entre las distintas obras.

En los dos ejemplos anteriormente mencionados, el nombre aparece en el cierre de la composición. Son declaraciones que funcionan como una suerte de colofón poético. La identificación del autor queda incorporada al final del relato. Sin embargo, no se trata de una regla uniforme en todas sus obras. En los Milagros de Nuestra Señora, Berceo también se identifica al comienzo de la obra. La segunda estrofa contiene la expresión:

Yo, maestro Gonçalvo de Verceo nomnado...

La presencia del nombre al inicio y al final de distintas composiciones permite observar que no estamos ante un único recurso mecánico. Berceo utiliza su identidad como parte de la construcción literaria, ya sea para presentarse, como para concluir el trabajo. En todo caso cumple la función de vincular su nombre con la obra. Por eso, cuando se afirma que Berceo «firmaba» sus poemas, lo más preciso es entender la expresión en sentido literario. Su nombre se encuentra dentro del texto, en versos que declaran su intervención. No se trata necesariamente de una firma manuscrita realizada por él sobre los ejemplares que hoy conservamos.

No hay un autógrafo o una firma material del escritor en un manuscrito original.

6 El autor antes de este autor

Existían autores reconocidos en la Edad Media, antes de Gonzalo de Berceo. Se identifican obras atribuidas a personas determinadas y tradiciones literarias en las que el nombre del escritor tenía importancia. Por eso, sería inexacto sostener que antes de Berceo todos los poemas, relatos o textos en prosa eran anónimos. La literatura medieval contiene numerosas obras de autor conocido, y también abundan las composiciones anónimas, cuya identidad autoral se ha perdido o nunca quedó registrada.

El Cantar de mio Cid, por ejemplo, es una obra de autoría anónima. No obstante, ese hecho no permite concluir que toda la producción literaria anterior a Berceo careciera de identificación personal.

La singularidad de Gonzalo de Berceo está en que es uno de los primeros autores de la literatura castellana cuyo nombre se conoce no solamente por fuentes externas, sino por la propia declaración que aparece en sus textos. La diferencia permite observar un fenómeno cultural interesante, pues en sus poemas, Berceo no desaparece completamente detrás de la historia que narra. Su presencia se hace perceptible, está integrado.

Obviamente no se trata de una reivindicación de la originalidad realizada por Berceo en el sentido contemporáneo. Su literatura se apoya en fuentes latinas y en tradiciones religiosas anteriores. Los relatos que transmite no son necesariamente invenciones suyas, pues como no deja de ser usual en su tiempo, forman parte de una cultura compartida, de textos que circulaban y que podían ser reelaborados. Esto lo aclara Berceo, que deja constancia de esa relación con las fuentes. En los Milagros de Nuestra Señora, por ejemplo, se encuentran referencias a historias que el poeta declara haber encontrado escritas.

De manera que la autoría medieval no debe confundirse con la idea moderna de creación absolutamente original,en el sentido del requisito legal de originalidad subjetiva integral que los juristas buscamos en las obras para afirmar que están protegidas por derecho de autor. El poeta puede ser autor de una obra aun cuando se base en relatos, tradiciones o textos previos. Su intervención consiste en la elaboración literaria, en la selección, organización y expresión de esos materiales. Titular de autoría del conjunto, pero no de los elementos, podría decirse.

Por lo tanto, la aparición del nombre del autor no implica que desaparezca la tradición colectiva de la que procede la obra. Lo que hace es volver visible una intervención individual dentro de esa tradición.

7 Identificación del autor en una obra y su alcance legal

Para un jurista, la lectura de Berceo y de las afirmaciones históricas sobre él provocan en un jurista plantearse qué significa que una persona se identifique como autora de una obra.

No es lo mismo la dimensión de la realidad del siglo XIII con la del derecho contemporáneo.

Berceo vivió en una realidad cultural, religiosa y jurídica muy distinta. No existían las categorías actuales de derecho de autor, los sistemas de registro de obras, los derechos morales tal como hoy se conciben ni las estructuras de explotación económica propias de la industria editorial moderna. Sin embargo, el fenómeno que observamos en sus poemas tiene una relación conceptual con uno de los problemas centrales del derecho de autor: la identificación de la persona a quien se atribuye una obra.

En el derecho contemporáneo, la autoría tampoco depende necesariamente de que el escritor haya incorporado su nombre al texto. La obra puede estar protegida aunque sea anónima, aunque seudónima o aunque su autor no haya realizado una declaración expresa de identidad.

La atribución del nombre cumple, no obstante, una función relevante. Permite establecer una relación entre una determinada persona y una determinada creación intelectual, facilita el reconocimiento de la autoría y contribuye a la identificación de quien ha realizado la obra.

En Berceo encontramos una manifestación temprana, literaria y no jurídica, de esa relación. El poeta no se limita a transmitir un relato religioso, declara quién lo ha realizado. Esa declaración se incorpora a la propia obra, de modo que el nombre pasa a formar parte de la historia de su transmisión.

El reconocimiento de que Berceo sea “el primer autor” no tiene nada que ver con la creación del derecho de autor ni que sus versos constituyan una reivindicación jurídica de derechos exclusivos. Sin embargo son un aporte muy concreto a la identificación de la relación nombre (del autor) y otra, un claro antecedente cultura.

El nombre introducido por Berceo en sus obras no es equivalente a una firma moderna, pero sí cumple una función identificatoria. La persona que escribe se hace presente dentro de la obra y permite que su identidad sea transmitida junto con ella. En la determinación de fechas históricas es sumamente relevante, mereciendo – tal como dicen, sin dudas – la calificación de ser “el primer autor” cuyo nombre acompaña a la obra escrita de su creación. De ahí su posición singular tanto en la historia de la literatura como en la historia cultural de la autoría y su concepto desde el punto de vista jurídico.




Monasterios de San Millán de la Cogolla, de Suso (que quiere decir arriba, es el de la foto más panorámica) y de Yuso (palabra que quiere decir abajo).

Las tres fotografias imágenes de este post son tomadas de wikipedia.



LINKs con información

https://es.wikipedia.org/wiki/Gonzalo_de_Berceo

https://es.wikipedia.org/wiki/Gonzalo_Capell%C3%A1n


Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s. f.-a). Biografía de Gonzalo de Berceo (¿1195?-¿1253-1260?). https://www.cervantesvirtual.com/portales/gonzalo_de_berceo/autor_biografia/

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s. f.-b). Constitución de los primitivos romances peninsulares. Surgimiento y expansión del romance castellano. https://cervantesvirtual.com/obra-visor/constitucion-de-los-primitivos-romances-peninsulares-surgimiento-y-expansion-del-romance-castellano--0/html/00f499d8-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s. f.-c). Algunas notas sobre Gonzalo de Berceo y su obra. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/algunas-notas-sobre-gonzalo-de-berceo-y-su-obra/html/6d1f31e4-a101-11e1-b1fb-00163ebf5e63_10.html

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s. f.-d). El mester de clerecía y la literatura didáctica. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-mester-de-clerecia-y-la-literatura-didactica/html/dcd0d5a4-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5_9.html

Real Academia Española. (s. f.). Gonzalo de Berceo: Milagros de Nuestra Señora. https://www.rae.es/sites/default/files/Hojear_Milagros_de_Nuestra_Senora.pdf



García Turza, C., & García Turza, J. (1995). La datación y procedencia de las Glosas Emilianenses y Silenses: Anotaciones críticas a los nuevos planteamientos. Brocar. Cuadernos de Investigación Histórica, (19), 49–64. https://doi.org/10.18172/brocar.1773

Real Academia de la Historia. (s. f.). Las glosas. https://www.rah.es/las-glosas/



Post 1 El editor y la propiedad intelectual: una relación básica – 1 de 10



Serie PI para editores de libros – Diez posts de PI #BibliotecaPIAplicada


Publicar un libro parece sencillo: alguien escribe, una editorial edita y el libro llega a los lectores. Estas operaciones, sin embargo, involucran un conjunto de derechos, autorizaciones, contratos y decisiones empresariales que conviene identificar antes de que el libro llegue a imprenta o a una plataforma digital.

Naturalmente que hay un tema económico que lleva a que un editor piense siempre cuánto puede costar la impresión de cada libro que tenga interés o la posibilidad de editar. Sin embargo, desde el punto de vista empresarial, la pregunta básica inicial debería ser quién tiene los derechos sobre aquello que pretende publicar y qué facultades necesita para explotarlo.

Esto es muy importante porque una obra y el objeto material que la contiene son cosas distintas desde el punto de vista jurídico. La adquisición de un manuscrito, recibir un archivo Word, adquirir un ejemplar de un libro o encargar una ilustración no significa, por ese solo hecho, adquirir los derechos de propiedad intelectual sobre la creación literaria contenida.

En Uruguay, la Ley N.º 9.739 reconoce al autor derechos sobre su creación y establece expresamente que los derechos de autor son independientes de la propiedad del objeto material en el que la obra está incorporada. La regla es fundamental para la actividad editorial: tener el archivo digital de una novela no equivale a tener derecho a reproducirla y comercializarla.


1 El libro como conjunto de derechos

Un libro puede contener una obra literaria, pero también fotografías, ilustraciones, mapas, gráficos, traducciones, prólogos, reproducciones de obras de arte y otros elementos protegidos.

Por eso, desde la perspectiva editorial, no siempre existe “un derecho sobre el libro”. Puede existir una verdadera cadena de derechos.

En una novela escrita por una sola persona, el principal vínculo será normalmente el existente entre autor y editor. Pero si el libro contiene ilustraciones realizadas especialmente para esa publicación, habrá que atender también a los derechos de su ilustrador. Si se trata de una traducción, habrá derechos correspondientes a la traducción. Si se reproduce una fotografía protegida, será necesario contar con la autorización correspondiente.

La edición profesional comienza, entonces, con una especie de relevamiento y auditoría de derechos.


2 No siempre el autor es titular único de todos los derechos que interesan al editor

La Ley reconoce como titulares, entre otros, al autor, sus sucesores, colaboradores, adquirentes y traductores autorizados, de acuerdo con las circunstancias de cada obra. Por otra parte, los derechos patrimoniales pueden ser objeto de transmisión, negocio que no debería presumirse ni dejarse librada a fórmulas genéricas.

Un editor necesita saber exactamente qué recibió y qué facultades puede ejercer. El editor necesita o puede necesitar para su plan de explotación del libro que se trate realizar acciones tales como imprimir, vender, distribuir, publicar electrónicamente, realizar un audiolibro, traducir, autorizar una traducción, negociar derechos con editores de otro país, utilizar fragmentos en publicidad, transformar la obra, negociar una adaptación audiovisual.

En cada caso hay que analizar y, eventualmente, pactar al respecto.


3 Derechos patrimoniales y derechos morales

Es equivocado pensar que una cesión patrimonial convierte al editor en “dueño absoluto” de la obra.

La propiedad intelectual en cuanto hace el derecho de autor presenta una dimensión patrimonial y otra vinculada a la personalidad del autor. La legislación uruguaya preserva facultades del autor incluso frente a la transmisión de derechos patrimoniales. Entre ellas se encuentran, en los términos legales, la exigencia de reconocimiento de su nombre o pseudónimo y facultades relacionadas con la integridad de la obra. Esto tiene consecuencias muy concretas.

El editor puede necesitar adaptar una tapa o cubierta, modificar elementos gráficos o realizar una corrección editorial. Hay que distinguir, ante estos casos, la intervención legítima y acordada sobre una publicación de lo que puede ser alterar sustancialmente la obra sin atender a los derechos correspondientes.

Una buena relación editorial sin fricciones y de acuerdo a la ley se logra cuando estas cuestiones se conversan y documentan antes de la publicación.


4 ¿Qué debería verificar un editor antes de contratar?

Se formula a continuación una enunciación básica de datos o derechos que deberían estar presentes en cualquier mesa de negociación por la publicación de un libro.

a Identificación del titular. ¿Quién es el autor? ¿Hay coautores? ¿Existen herederos o sucesores involucrados?

b Estado de la obra. ¿Es inédita? ¿Fue publicada anteriormente? ¿Por quién?

c Contratos anteriores. ¿El autor concedió derechos a otra editorial, plataforma, agente o tercero?

d Derechos disponibles. ¿Cuáles derechos conserva realmente el autor?

e Materiales de terceros. ¿El libro contiene fotografías, ilustraciones, textos, mapas u otros materiales ajenos?

f Territorio. ¿Los derechos están disponibles para Uruguay, América Latina, el mundo u otros territorios?

g Modalidades de explotación. ¿Se contratará solamente la edición impresa o también formatos digitales y sonoros?

h Duración. ¿Durante cuánto tiempo podrá explotar el editor los derechos?

Respecto del plazo de explotación de los derechos, naturalmente que en el caso de la edición de un libro dependerá de lo que se establezca en el contrato, pero este lapso está limitado al lapso de duración del dominio privado del derecho de autor que indica la legislación. En Uruguay, la Ley N.º 19.857 extendió a setenta años contados desde la muerte del autor, el plazo básico de duración, lapso que se mantiene en el resto de los plazos previstos en la Ley N.º 9.739 para los derechos patrimoniales en los supuestos correspondientes.

De manera que un editor debe comprobar si una obra está protegida, si pertenece al dominio público o si existe algún derecho adicional sobre la versión concreta que pretende utilizar.

Una obra antigua puede estar en dominio público y, sin embargo, una determinada traducción, edición crítica, ilustración o adaptación contemporánea puede tener protección propia. Romeo y Julieta está en el dominio público, pero la traducción de la cual se dispone puede ser reciente, del año pasado, por ejemplo. El dominio público de una obra no significa necesariamente dominio público de todo lo que alguien haya hecho posteriormente sobre ella.


5 El editor no solamente publica es un administrador de derechos

La actividad editorial contemporánea es, en buena medida, una actividad de gestión de derechos. El editor transforma una creación en diferentes productos y mercados, como puede ser libro físico, ebook, audiolibro, edición internacional, licencia, adaptación, promoción digital, contenidos derivados.

Por eso, una buena relación editorial empieza mucho antes de la impresión, con la definición de la interrogante respecto de qué derechos tiene el editor y cuáles necesita para concretar el negocio que quiere desarrollar en el caso de cada obra. O de cada modelo de negocios editorial que se trate.

Responder correctamente esta interrogante puede evitar que una buena oportunidad editorial termine convertida en un problema contractual o en una infracción de propiedad intelectual.


Checklist del editor

Preguntas para tener definidas antes de firmar un contrato de edición.

¿Quién es el titular de los derechos?

¿Qué derechos me está otorgando?

¿Son exclusivos?

¿Para qué territorio?

¿Por cuánto tiempo?

¿En qué formatos?

¿Qué materiales de terceros contiene la obra?

¿Existen contratos anteriores?

¿Qué sucede con las explotaciones que hoy todavía no existen?




Biblioteca de Propiedad Intelectual Aplicada:

https://derechocomercialbeatrizbugallo.blogspot.com/p/biblioteca-de-propiedad-intelectual.html





Fotografía: Palacio Nacional, Sintra, Portugal. © Beatriz Bugallo, 2016



Post 2 El contrato de edición - 2 de 10



Serie PI para editores de libros – Diez posts de PI #BibliotecaPIAplicada



Es la pieza central del negocio editorial porque,como vimos, sin derechos de publicar no hay negocio.

El contrato de edición es mucho más que un documento que autoriza a una editorial a imprimir un libro, se trata del instrumento que organiza una relación económica alrededor de una creación intelectual.

Para el autor, representa la posibilidad de transformar su obra en un producto comercial sin tener que desarrollar por sí mismo toda la infraestructura editorial. Para el editor, representa la posibilidad de invertir en producción, diseño, impresión, distribución y promoción sobre la base de contar legítimamente con los derechos necesarios.

Por eso, un buen contrato de edición debería ser leído como un mapa o guía del negocio.


1 ¿Qué se concede exactamente?

La primera función del contrato de edición es determinar qué derechos recibe el editor.

La legislación uruguaya reconoce al titular de derechos de autor facultades patrimoniales que comprenden, entre otras, la reproducción, distribución, publicación, traducción, adaptación, transformación, comunicación y puesta a disposición de la obra. Este es el elenco de derechos negociables.

No significa que todos esos derechos deban necesariamente pasar al editor. Por el contrario, una buena contratación debería determinar cuáles son necesarios para el negocio concreto.

Si una editorial solamente pretende publicar una novela en papel en Uruguay, no necesariamente necesita recibir, por ejemplo, derechos para producir una serie audiovisual. Si, en cambio, la editorial tiene un modelo internacional y pretende explotar ebook, audiolibro y traducciones, la contratación deberá contemplar esas modalidades.


2 La cláusula “todos los derechos”

En contratos editoriales aparece a veces una fórmula amplia: el autor “cede todos los derechos presentes y futuros, en cualquier territorio y por cualquier medio”.

Desde una perspectiva comercial puede parecer cómoda, pero desde una perspectiva de gestión contractual, puede ser una fuente de incertidumbre.

Una cláusula amplia no reemplaza la necesidad de saber qué se está negociando.

La mejor práctica consiste en identificar, sucesivamente, los siguientes aspectos en torno a cada obra protegida cuyos derechos constituyen el objeto de contratación:

a modalidad de explotación;

b territorio;

c plazo;

d exclusividad;

e remuneración;

f formatos;

g posibilidades de sublicencia;

h derechos reservados al autor.

La precisión beneficia a ambas partes.


3 Veamos algunos elementos, comentando facetas seleccionadas.

El negocio de la exclusividad - El editor y el autor deben decidir si la explotación será exclusiva. Una exclusividad editorial puede significar que el autor no podrá conceder a otro editor los mismos derechos dentro del territorio y plazo acordados, por ejemplo. Pero depende de qué dimensión de exclusividad se trate. Incluso, corresponde determinar si la exclusividad alcanza o no a la explotación que el propio autor quiera realizar en torno a los derechos por los cuales está autorizando a un editor. En cualquier caso, la exclusividad debería estar delimitada. No es lo mismo “exclusividad mundial sobre la obra”, que “exclusividad para edición impresa en idioma español en Uruguay durante cinco años”. La diferencia económica puede ser enorme.

Territorio - La edición puede limitarse a Uruguay, extenderse al Mercosur, América Latina o comprender todo el mundo. Esto adquiere especial importancia en el mercado digital. Un ebook puesto a disposición por Internet puede ser técnicamente accesible desde numerosos países. Por eso, el contrato debe evitar contradicciones entre el territorio jurídico negociado y la forma concreta de explotación digital.

Plazo - También debe determinarse cuánto tiempo durará la autorización. El plazo contractual no debe confundirse con la duración legal del derecho de autor. El derecho puede continuar existiendo durante décadas, pero el editor puede haber recibido solamente una autorización de explotación por determinado período. Cuando vence el contrato, puede terminar la facultad del editor para explotar la obra, aunque la obra continúe plenamente protegida y su titular siga negociando sus correspondientes derechos.

Número de ediciones y ejemplares - En la edición tradicional, el número de ejemplares tiene importancia evidente. En la edición digital, la lógica cambia. Por eso, un contrato contemporáneo debería evitar fórmulas pensadas exclusivamente para la imprenta. En cuanto a este tema, conviene diferenciar entre edición, tirada, reimpresión, reedición, versión digital, actualización o nueva edición revisada. No son necesariamente lo mismo.

Remuneración - El contrato debe establecer con claridad cómo se remunera al autor. Puede existir una suma fija, una participación porcentual, anticipos a cuenta de derechos u otras modalidades compatibles con la legislación y la negociación concreta. Lo importante es que el sistema sea verificable. Si existe participación porcentual, deberían definirse cuestiones como:

a sobre qué base se calcula;

b qué ventas se incluyen;

c cómo se computan devoluciones;

d qué sucede con descuentos;

e cómo se informa al autor;

f cuándo se liquida;

g cómo se controla la información.

Una cláusula que dice “el autor recibirá el 10 % de las ventas” puede parecer suficiente hasta que llega el momento de liquidar. Hay que definir a qué se refiere con la expresión “ventas”: precio de tapa, precio efectivamente percibido, antes o después de descuentos, qué ocurre con las ventas mayoristas, qué ocurre con los ebooks y ante el caso de negociación con plataformas.

Obligaciones del editor - El editor no solamente recibe derechos, sino que asume obligaciones relacionadas con la publicación y explotación de la obra. Según el acuerdo, pueden comprender actos muy diversos como preparación editorial, corrección, diseño, impresión, distribución, comercialización, promoción, puesta a disposición digital, rendición de cuentas, pago de derechos. Conviene definir cuáles son obligaciones concretas y cuáles constituyen decisiones empresariales propias del editor.

Obligaciones del autor - El autor, por su parte, debería garantizar que tiene capacidad para otorgar los derechos comprometidos y que la obra no infringe derechos de terceros, dentro de los límites que se pacten. También puede asumir obligaciones relativas a la entrega del manuscrito, correcciones, aprobación de pruebas, colaboración promocional, comunicación de modificaciones relevantes, existencia de materiales de terceros.


4 El éxito del libro

Como el contrato se firma antes de conocer el verdadero potencial comercial de la obra, hay siempre un margen de incertidumbre sobre el destino o los posibles negocios a que pueda dar lugar. De todas maneras, es aconsajable contemplar qué sucede si aparecen oportunidades tales como traducciones, audiolibros, adaptaciones, ediciones internacionales, plataformas, series, películas, merchandising. No siempre es conveniente otorgar de entrada todas esas facultades para el autor. En muchos casos puede ser más razonable establecer que determinados derechos quedan reservados al autor y que el editor tendrá una opción, un derecho preferente o la posibilidad de negociar posteriormente.


Regla práctica

Un buen contrato editorial debería permitir que una persona que no participó en la negociación pueda leerlo después y saber cuáles eran las facultades del editor, qué no podía hacer, dónde, durante cuánto tiempo y cuánto correspondía pagar al autor.


Checklist del editor

Preguntas para tener definidas antes de firmar.

¿Qué derechos recibo?

¿Son exclusivos?

¿Por cuánto tiempo?

¿En qué territorios?

¿En qué formatos?

¿Cómo se calcula la remuneración?

¿Cómo se rinden cuentas?

¿Qué ocurre con nuevas tecnologías?

¿Qué derechos quedan reservados?

¿Qué sucede cuando termina el contrato?




Biblioteca de Propiedad Intelectual Aplicada:

https://derechocomercialbeatrizbugallo.blogspot.com/p/biblioteca-de-propiedad-intelectual.html





Fotografía: Palacio Nacional, Sintra, Portugal. © Beatriz Bugallo, 2016