El arbitraje científico es una de las
principales garantías de calidad de una revista académica. Su
eficacia depende de la competencia de quienes evalúan los artículos
y de poder organizar un procedimiento ordenado.
Este procedimiento debe tener:
a una adecuada protección de la
confidencialidad; y
b reglas claras para resolver las
diferencias entre los árbitros y los autores.
Todos los factores deben funcionar
armoniosamente para que pueda ser un proceso exitoso.
Busqué reglas en las publicaciones
cercanas a derecho comercial en Uruguay, pero como no encontré
ninguna, armo este post con las consideraciones que me he ido
haciendo. Puede ayudar a otros. Para armar este post me ayudé con
textos de IA, de ChatGPT porque quería que fuera información
general y abarcativa. Y lo necesitaba rápido. De todas maneras está
re-redactado todas las veces necesarias y chequeado.
Se puede identificar un conjunto de
buenas prácticas internacionales, que coinciden en que es importante
que las revistas describan públicamente sus procedimientos de
evaluación, aseguren la independencia de los revisores y mantengan
una dirección editorial responsable de las decisiones.
Miré básicamente dos documentos, que
están free online.
Una es del Committee on Publication
Ethics (COPE). Incluye la transparencia y la adecuada gestión de la
revisión por pares entre las prácticas esenciales de una
publicación científica.
Otra es el Directory of Open Access
Journals (DOAJ). Exige que las revistas expliquen su procedimiento de
arbitraje y, como regla general para su evaluación, que cada
artículo sea examinado por al menos dos revisores independientes,
con una excepción específica para las revistas de artes y
humanidades (Committee on Publication Ethics [COPE], s. f.; Directory
of Open Access Journals [DOAJ], s. f.).
De todas maneras no es lo mismo
estándares generales que buenas prácticas. En definitiva, fuera de
ciertos principios básicos, cada publicación adopta legítimamente,
según su disciplina, su estructura y su política editorial.
1 La recepción del artículo y el
examen editorial preliminar
El procedimiento comienza cuando el
autor presenta su manuscrito a través del sistema de gestión
editorial. La presentación debe quedar registrada, con fecha de
ingreso, título del trabajo, datos de contacto del autor responsable
y documentación complementaria que corresponda.
La secretaría editorial que el archivo
cumpla las instrucciones formales de presentación para los autores.
Es decir: que se hayan incluido los datos formales exigidos, las
referencias bibliográficas, las declaraciones de autoría y los
documentos relativos a conflictos de intereses, financiación, ética
de la investigación o disponibilidad de datos, cuando resulten
pertinentes.
Esto es control administrativo, no es
arbitraje científico.
También pueden detectarse, en esta
instancia, problemas evidentes de integridad académica, publicación
redundante o incumplimiento de exigencias éticas. De no cumplirse
podría haber un rechazo editorial preliminar. Quede claro que esto
no es arbitraje, es cumplimiento de reglas.
2 La selección de los árbitros y el
envío a doble ciego
Si el archivo supera la evaluación
preliminar, el editor debe seleccionar a los especialistas que lo
examinarán. La elección no debe obedecer exclusivamente a la
disponibilidad de personas conocidas por el equipo editorial. Es
necesario considerar su conocimiento específico del tema, su
experiencia investigadora, su capacidad para evaluar el tipo de
trabajo presentado y la ausencia de conflictos de intereses que
comprometan su independencia.
Un buen árbitro no tiene que compartir
el enfoque teórico del autor ni pertenecer a una determinada
corriente doctrinaria. Debe poder valorar el trabajo con competencia,
argumentos y criterios académicos. Siempre que resulte posible, es
conveniente ampliar progresivamente la base de revisores, incorporar
especialistas de distintas instituciones y evitar que la evaluación
de una revista quede concentrada en un círculo reducido. COPE
recomienda expresamente que los revisores declaren sus intereses
concurrentes, respeten la confidencialidad y fundamenten sus
valoraciones de manera objetiva y profesional (COPE, 2017).
En un sistema de arbitraje doble ciego,
el autor no conoce la identidad de los árbitros y estos no conocen
la identidad del autor o de los autores. Para que esa modalidad
funcione, la revista debe aplicar medidas concretas, no limitarse a
denominarla así en sus instrucciones.
El editor envía a cada especialista
una invitación que identifica el título y el resumen del artículo,
explica el alcance de la evaluación, informa el plazo previsto y
permite aceptar o declinar la tarea. En esta comunicación se deben
incluir las reglas de confidencialidad y la obligación de declarar
posibles conflictos de intereses. Si el especialista acepta, recibe
el manuscrito en una versión anonimizada, sin nombres, afiliaciones,
agradecimientos ni otros datos que permitan identificar directamente
a sus autores.
La anonimización debe contemplar
también los metadatos de los documentos y las propiedades de los
archivos. Las autocitas no siempre pueden eliminarse sin perjudicar
la evaluación, pero deben presentarse de modo que no revelen
innecesariamente la identidad de quien escribe. Cuando una referencia
en primera persona o la descripción de un proyecto permita
identificar al autor, el editor debe valorar si corresponde
reformularla temporalmente o aplicar otra medida compatible con la
integridad académica. En caso de que haya elementos de evidencia de
la identidad del autor en el texto, puede requerirse del autor que
los elimine.
La modalidad doble ciego no garantiza
un anonimato absoluto: en campos especializados, el tema, la
metodología o las referencias pueden hacer reconocible un trabajo.
Lo que exige es adoptar medidas razonables para evitar la
identificación y no comunicar deliberadamente información que
debería permanecer reservada. Los procedimientos de gestión
editorial de Elsevier contemplan, por ejemplo, la posibilidad de
ocultar a los revisores las versiones de los archivos que revelen la
identidad de los autores (Elsevier, s. f.-b).
Una vez que los árbitros aceptan la
invitación, reciben el mismo manuscrito y unas instrucciones de
evaluación coherentes. A estos últimos efectos se suele enviar un
formulario para comletar con los ítems a evaluar.
Los criterios deben adaptarse a la
disciplina. No se evalúa de la misma manera una investigación
empírica, un artículo de revisión, un estudio doctrinario o un
trabajo de reflexión teórica.
La revista debe aspirar a obtener dos
dictámenes independientes. Los árbitros no deben coordinar sus
opiniones antes de presentarlas ni conocer la identidad del otro,
salvo que la publicación haya adoptado expresamente otro modelo de
revisión. Cada uno debe remitir su informe por separado, con
observaciones dirigidas a los autores y, cuando corresponda,
comentarios confidenciales para el editor.
3 El contenido de los dictámenes y las
recomendaciones posibles
El informe de arbitraje debe permitir
que el editor comprenda tanto las fortalezas y debilidades del
artículo como las razones que justifican la recomendación final. No
basta con afirmar que el trabajo es bueno, insuficiente, novedoso o
irrelevante. Es necesario explicar por qué, identificar los
problemas concretos y distinguir las deficiencias que afectan la
validez del trabajo de aquellas que pueden corregirse mediante una
revisión.
La recomendación del árbitro no es,
por sí misma, la decisión editorial.
En los sistemas habituales, el revisor
recomienda aceptar, solicitar modificaciones o rechazar, mientras que
el editor pondera el informe y adopta la decisión que corresponde
conforme a la política de la revista. Elsevier lo establece
expresamente en sus orientaciones para revisores: la recomendación
ayuda a la decisión, pero la responsabilidad final corresponde al
editor (Elsevier, s. f.-c).
En términos operativos, conviene que
la revista utilice categorías de decisión claramente diferenciadas,
que pueden ser las siguientes.
a Aceptación sin modificaciones: el
artículo puede pasar a preparación editorial y producción.
b Aceptación condicionada a
modificaciones menores: se requieren correcciones acotadas que, por
regla general, pueden ser comprobadas por el editor sin un nuevo
arbitraje completo.
c Revisión mayor: son necesarias
modificaciones sustanciales en el análisis, la argumentación, la
metodología, las fuentes o la estructura. El artículo permanece en
consideración, pero no está aceptado.
d Rechazo: el trabajo no satisface las
condiciones de publicación, y la decisión cierra el procedimiento
para ese manuscrito.
La categoría «revisión mayor» debe
distinguirse cuidadosamente del rechazo.
Si la revista invita a revisar un
artículo, debe explicar qué cambios espera, qué aspectos serán
determinantes para una nueva decisión y si el manuscrito volverá a
los árbitros. La invitación a revisar no constituye una promesa de
aceptación: la versión modificada debe ser evaluada antes de
resolver definitivamente su publicación (Elsevier, s. f.-a, s.
f.-b).
También es recomendable fijar plazos
razonables para los informes, las revisiones de los autores y las
evaluaciones posteriores. No es necesario imponer un único plazo
universal para todas las disciplinas, pero sí informar a los
participantes, realizar recordatorios y registrar las demoras. Si un
árbitro no responde, la revista debe procurar sustituirlo sin
prolongar indefinidamente el procedimiento.
4 Qué hacer cuando los dos árbitros
discrepan
Es delicado cuando los dos revisores
formulan recomendaciones incompatibles. Por ejemplo, que uno proponga
aceptar el artículo y el otro rechazarlo. O que uno considere
suficiente una revisión menor y el otro entienda que existen
defectos sustanciales. O que ambos coincidan en la conveniencia de
revisar el trabajo, pero difieran sobre la gravedad de los problemas.
La discrepancia no determina
automáticamente la necesidad de un tercer árbitro.
El editor debe examinar primero los
fundamentos de ambos informes.
Dos recomendaciones opuestas no tienen
necesariamente el mismo peso científico: un dictamen puede
identificar un defecto metodológico que comprometa las conclusiones,
mientras que el otro puede limitarse a señalar cuestiones formales.
También puede suceder lo contrario: que el informe favorable esté
mejor fundamentado y el desfavorable se apoye en una objeción
discutible o ajena al objeto del artículo.
En caso de discrepancia, por lo tanto,
primero hay que comparar los argumentos. El editor debe identificar
cuáles son las cuestiones decisivas, determinar si las observaciones
se refieren a aspectos diferentes y valorar si puede adoptar una
decisión fundada sin solicitar otra opinión. La orientación
editorial de Elsevier, por ejemplo, contempla expresamente que, ante
informes contradictorios, el editor puede pedir una evaluación
adicional o solicitar una nueva versión del manuscrito antes de
decidir (Elsevier, s. f.-a).
La decisión dependerá de la
naturaleza de la discrepancia.
Si un árbitro considera que el
artículo aporta una contribución relevante, pero necesita
aclaraciones, y el otro identifica defectos subsanables, puede
corresponder una revisión mayor. Si, en cambio, uno demuestra que
existe un problema central que invalida las conclusiones y el otro no
responde a esa objeción, el editor debe examinar ese problema antes
de decidir. No sería correcto resolver automáticamente por mayoría
ni aceptar el rechazo sin valorar sus fundamentos.
El objetivo del procedimiento no es que
haya unanimidad entre los revisores, sino asegurar que la decisión
editorial resulte razonada, imparcial y coherente con los estándares
de la revista.
5 Cuándo corresponde designar un
tercer árbitro
El tercer árbitro es particularmente
aconsejable cuando la discrepancia entre los dos informes afecta una
cuestión científica central y el editor no dispone de elementos
suficientes para resolverla con seguridad. No es una exigencia
universal aplicable a todo desacuerdo, sino un recurso para mejorar
la calidad de la decisión. En la aplicación del sistema al libro de
ponencias de la Semana Académica recurrimos con frecuencia al tercer
árbitro como garantía para todos.
Puede resultar pertinente, al menos, en
cuatro situaciones principales.
En primer lugar, es aplicable en caso
de divergencia sustancial entre las recomendaciones. Si un árbitro
propone el rechazo definitivo y el otro la aceptación, sin que la
diferencia pueda explicarse por observaciones complementarias o por
defectos fácilmente verificables.
En segundo lugar, se presenta cuando
los informes se contradicen sobre una cuestión técnica,
metodológica, documental o doctrinaria decisiva. Si el editor no
quiere intervenir directamente en ese tipo de puntos o considera que
no tiene competencia suficiente para resolver esa controversia,
corresponde recurrir a un especialista que pueda evaluar
específicamente el punto discutido.
En tercer lugar, cuando alguno de los
dictámenes es insuficiente para fundamentar la recomendación. Un
informe excesivamente breve, genérico o sin argumentos verificables
puede no proporcionar una base adecuada para decidir. En este
supuesto, antes de encargar una nueva evaluación completa, el editor
puede pedir al árbitro original que amplíe su informe; si ello no
resulta viable, podrá recurrir a otro especialista.
En cuarto lugar, aparece cuando existe
una duda razonable acerca de la imparcialidad, la competencia o la
consistencia de una evaluación. Si el problema no puede resolverse
mediante una aclaración, una evaluación adicional puede aportar una
perspectiva independiente.
No sería necesario designar un tercer
árbitro cuando los dos primeros coinciden en recomendar una revisión
y sus observaciones son compatibles, aunque uno sea más exigente que
el otro. Tampoco debería recurrirse a un nuevo árbitro simplemente
porque el editor prefiere una opinión favorable a las ya recibidas.
Esta última consideración es fundamental para la solidez académica
del producto final.
Cuando se decide solicitar un tercer
informe, es importante definir qué se espera de él. El nuevo
árbitro puede recibir el manuscrito anonimizado y realizar una
evaluación independiente, o ser invitado a pronunciarse sobre una
cuestión concreta que permanece controvertida. La segunda modalidad
puede ser más eficiente si la discrepancia se limita a un aspecto
técnico preciso. En cualquiera de los dos casos, debe informársele
de manera suficiente sobre el encargo, sin revelar innecesariamente
la identidad de los otros revisores ni inducirlo a adoptar una
posición determinada.
La decisión final sigue
correspondiendo al editor.
El tercer informe no constituye un voto
de desempate automático ni transforma el procedimiento en una
votación por mayoría. Puede confirmar la importancia de una
objeción, demostrar que es subsanable o proporcionar fundamentos
para apartarse de las dos recomendaciones iniciales.
6 Qué sucede cuando el autor no
incorpora todas las sugerencias.
Los autores pueden discrepar. Arbitrar
no es corregir un examen o un parcial, no es hacer la tutoría de un
trabajo formativo para grado o posgrado.
Esta cuestión requiere distinguir
entre una sugerencia académica y una exigencia necesaria para que el
artículo alcance el nivel de calidad requerido. El arbitraje no
convierte al revisor en coautor ni le atribuye la potestad de imponer
todas sus preferencias teóricas, metodológicas o expositivas. El
autor conserva la responsabilidad intelectual de su trabajo, pero
debe responder de manera seria a las objeciones planteadas.
Por ello, cuando el editor comunica una
decisión de revisión, debe pedir que el autor presente una nueva
versión del artículo y una respuesta ordenada a los informes
recibidos. La respuesta debería reproducir o identificar cada
observación relevante, explicar qué modificación se realizó y
señalar dónde aparece en el texto revisado. Si el autor no acepta
una sugerencia, debe justificarlo con argumentos académicos.
No existe una obligación general de
aceptar todas las recomendaciones de los árbitros.
Elsevier reconoce expresamente que los
autores pueden discrepar de determinadas observaciones, siempre que
expliquen su posición con claridad y respeto (Elsevier, s. f.-d). Lo
decisivo es que no dejen sin respuesta las objeciones relevantes.
Supongamos que un árbitro recomienda
incorporar una determinada corriente doctrinaria y el autor considera
que no resulta pertinente para el problema estudiado. El autor puede
explicar por qué su marco teórico es suficiente y por qué la
referencia sugerida no contribuye a resolver la cuestión. Si la
explicación es convincente, la negativa a incorporar esa
bibliografía no debería ser motivo autónomo de rechazo.
Distinto es el caso de una objeción
que señala la ausencia de una fuente indispensable, una
contradicción argumental, un error en el tratamiento de los datos o
una deficiencia metodológica que compromete las conclusiones. Si el
autor no corrige el problema ni ofrece una explicación
satisfactoria, el editor debe valorar si el manuscrito sigue siendo
publicable. Siempre valora el editor.
También es necesario evitar que las
sugerencias de los árbitros se conviertan en exigencias
improcedentes. No corresponde imponer citas a los trabajos del propio
revisor sin justificación académica, exigir modificaciones
destinadas a favorecer intereses personales ni condicionar la
aceptación a la adopción de una posición doctrinaria determinada.
COPE establece que las revisiones deben ser objetivas, constructivas
y sustentadas en argumentos, y advierte contra las prácticas que
comprometen la integridad de la evaluación (COPE, 2017).
En la práctica, pueden distinguirse
tres situaciones, que serían las siguientes.
a El autor acepta la observación y
modifica el artículo. El editor verifica la corrección y, si es
necesario, solicita una nueva evaluación.
b El autor no acepta una sugerencia
secundaria, pero fundamenta su decisión. El editor determina si la
explicación es suficiente y si la diferencia afecta la calidad del
trabajo.
c El autor omite una objeción central
o no justifica su rechazo. El editor puede requerir una nueva
revisión o, si el defecto impide la publicación, rechazar el
manuscrito.
La negativa a incorporar una sugerencia
no debe evaluarse de manera aislada. Lo relevante es si la versión
final responde adecuadamente a los problemas identificados y
satisface los criterios científicos de la revista para una
publicación, al menos correcta.
7 La segunda ronda de arbitraje: cómo
evaluar el artículo revisado
Cuando el autor entrega una nueva
versión, el editor debe comprobar que se hayan presentado tanto el
manuscrito revisado como la respuesta a los informes. Es mejor
(opcional) si las modificaciones introducidas se identifican en una
versión, sin perjuicio de que también se solicite una versión
limpia para facilitar la lectura.
El editor debe comparar el texto nuevo
con el anterior y revisar las respuestas una por una. No alcanza con
verificar que el autor haya contestado todas las observaciones. Hay
que comprobar si las modificaciones se hayan realizado efectivamente
y que las explicaciones ofrecidas sean razonables.
Si las modificaciones son menores, el
editor puede resolver directamente. Por ejemplo, si se solicitaron
correcciones formales, precisiones bibliográficas o aclaraciones
puntuales que no afectan el núcleo del argumento, una nueva ronda
completa de arbitraje puede resultar innecesaria.
Por el contrario, cuando se han pedido
modificaciones mayores, corresponde generalmente remitir la versión
revisada a uno o ambos árbitros originales. Esto permite que quien
identificó un problema sustancial compruebe si fue resuelto y evita
que el editor deba valorar por sí solo cuestiones que requieren
conocimientos especializados.
La nueva ronda no tiene por qué
reproducir íntegramente la primera. Debe concentrarse en los
problemas pendientes y en las consecuencias de los cambios
introducidos. Si se incorporan modificaciones que alteran
sustancialmente la metodología, el alcance o las conclusiones, puede
ser necesario ampliar la evaluación.
En principio, conviene invitar
nuevamente a los árbitros que participaron en la primera ronda,
porque conocen el trabajo y las observaciones formuladas. Sin
embargo, si alguno no está disponible, ha declinado continuar o
existe un motivo fundado para sustituirlo, el editor puede convocar a
otro especialista. Por ejemplo, los procedimientos editoriales de
Elsevier contemplan expresamente esta posibilidad de revisión
posterior con los evaluadores originales o con nuevos revisores
(Elsevier, s. f.-b).
Tener presente que la segunda ronda no
debe convertirse en una sucesión indefinida de exigencias. La
revista debe procurar que los requerimientos sean consistentes y que
no se introduzcan, en cada nueva evaluación, exigencias sustanciales
que no guardan relación con los problemas pendientes. Si surge una
objeción nueva verdaderamente relevante, el editor puede
considerarla, pero debe evitar que el procedimiento se prolongue por
diferencias de preferencia entre especialistas.
8 Cuando un árbitro mantiene el
rechazo y el otro considera que las correcciones son suficientes
Esta situación merece una regla
editorial explícita porque puede generar dificultades importantes.
Supongamos lo siguiente. En la primera ronda, un árbitro recomienda
rechazar el artículo y el otro propone una revisión mayor. El
editor decide ofrecer la oportunidad de corregirlo. El autor modifica
el trabajo y responde a los comentarios. En la segunda ronda, el
primer árbitro mantiene su recomendación de rechazo, mientras que
el segundo considera que el manuscrito ya es publicable.
En este escenario, el editor no debe
considerar que la recomendación inicial de rechazo obliga
automáticamente a rechazar la versión revisada. Tampoco debe
suponer que el informe favorable posterior resuelve por sí solo la
controversia.
La cuestión central es determinar si
el motivo que sustentaba el rechazo inicial persiste en la nueva
versión. Para ello, el editor debe examinar la objeción original,
la respuesta del autor, los cambios introducidos y la evaluación
posterior de ambos revisores.
Si el rechazo se fundaba en un defecto
subsanable y el autor lo ha corregido satisfactoriamente, el editor
puede apartarse de la recomendación inicial. Por ejemplo, un árbitro
pudo considerar insuficiente el tratamiento de una fuente o una
cuestión metodológica que luego se resolvió. La persistencia del
desacuerdo no significa necesariamente que el artículo siga teniendo
el defecto original.
En cambio, si el árbitro identifica un
problema fundamental que permanece sin resolver, el editor debe
examinarlo con especial atención. Si no dispone de elementos
suficientes para decidir, puede pedir una aclaración al árbitro,
convocar a un tercer especialista o solicitar una evaluación
específica del punto controvertido.
La decisión debe estar motivada en
función de la calidad del manuscrito, no de la autoridad personal de
un árbitro ni de la voluntad de evitar un conflicto. Es legítimo
apartarse de una recomendación, pero no hacerlo de manera
arbitraria.
También es necesario distinguir entre
un árbitro que mantiene un rechazo por una objeción científica
sustantiva y otro que continúa discrepando porque el autor no ha
seguido una preferencia expositiva o doctrinaria. La primera
situación puede comprometer la publicabilidad; la segunda requiere
valorar si la divergencia afecta realmente la contribución
académica.
La responsabilidad editorial consiste
precisamente en resolver estas diferencias de manera razonada,
preservando la independencia de los revisores sin transferirles la
decisión final.
9 La decisión definitiva y la
comunicación a los autores
Una vez concluida la evaluación, el
editor debe comunicar una decisión inequívoca: aceptación,
aceptación condicionada a modificaciones finales, nueva revisión
cuando esté justificada o rechazo. La comunicación debe identificar
los motivos principales y explicar, cuando corresponda, cuáles son
los cambios pendientes y qué condiciones deben cumplirse.
Si el artículo se acepta, comienza la
etapa de preparación editorial. Depende de la organización de cada
editorial. Serían aspectos formales que la editorial comercial
muchas veces ajusta.
Estas tareas no deben confundirse con
una nueva evaluación científica. Cualquier modificación que altere
sustancialmente el contenido aprobado debe tratarse con cuidado y, si
corresponde, consultarse con el autor o volver a someterse a
evaluación.
En caso de rechazo, la comunicación
debe ser profesional y suficientemente explicativa. La revista no
está obligada a desarrollar una extensa discusión con cada autor,
pero sí debe evitar fórmulas genéricas cuando existen informes que
permiten identificar las razones de la decisión. Si el rechazo se
basa en la calidad científica, deben comunicarse las razones
pertinentes; si se trata de una cuestión de alcance editorial, debe
aclararse esa circunstancia.
La revista debe establecer, además, un
procedimiento para las solicitudes de reconsideración o apelación.
El autor puede señalar un error factual, una interpretación
incorrecta de su respuesta o un posible conflicto de intereses que no
se haya considerado. La apelación no debe transformarse en una
negociación ilimitada sobre el resultado, pero tampoco puede
descartarse automáticamente cuando plantea una objeción seria y
verificable.
COPE incluye las quejas y apelaciones
entre las prácticas esenciales de una revista y recomienda que
existan procedimientos claros para su tratamiento (COPE, s. f.). Por
ello, conviene que las instrucciones para los autores indiquen a
quién se presenta la solicitud, dentro de qué plazo y qué clase de
argumentos pueden justificar una reconsideración.
10 Confidencialidad, conflictos de
intereses y responsabilidad del equipo editorial
La calidad del arbitraje depende
también de la conducta de quienes intervienen en él. Los árbitros
deben mantener en reserva el manuscrito, no utilizar información
inédita en beneficio propio y declarar las circunstancias que puedan
afectar su independencia. No deben compartir el texto con terceros
sin autorización editorial ni delegar informalmente la evaluación
en otra persona.
El equipo editorial, por su parte, debe
proteger tanto la identidad de los revisores como la información que
recibe durante el procedimiento, de acuerdo con la modalidad de
arbitraje anunciada y con las reglas de la publicación. Los
comentarios confidenciales destinados al editor deben utilizarse para
valorar cuestiones pertinentes a la decisión, no como un espacio
para formular acusaciones personales que no se comunican a los
autores.
COPE recomienda que las revistas
proporcionen instrucciones explícitas a los revisores, exijan la
declaración de intereses concurrentes y adopten medidas para
preservar la confidencialidad de los manuscritos. Asimismo, aconseja
que las observaciones dirigidas a los autores sean profesionales,
objetivas y sustentadas en argumentos (COPE, 2017).
Estas obligaciones adquieren especial
importancia cuando el autor pertenece a la misma institución que un
editor o un árbitro, cuando existe una relación profesional
estrecha, una colaboración reciente, una disputa académica o una
competencia directa por resultados de investigación. No toda
relación constituye necesariamente un conflicto incompatible con la
revisión, pero toda situación relevante debe declararse y ser
valorada antes de asignar el manuscrito.
La revista debe contar también con un
procedimiento para actuar cuando se detectan irregularidades, como
plagio, manipulación de datos, publicación redundante o sospechas
fundadas de fabricación de resultados. La revisión por pares no
sustituye los mecanismos específicos de investigación de conductas
indebidas. Si surge una sospecha, el editor debe tratarla conforme a
las políticas éticas de la publicación y evitar presentar como
demostrada una irregularidad que todavía no ha sido verificada.
Finalmente, la utilización de
herramientas automatizadas requiere reglas propias. El DOAJ
recomienda que las revistas publiquen una política sobre
inteligencia artificial y desaconseja que los árbitros y editores
utilicen inteligencia artificial generativa para producir sus
evaluaciones, debido, entre otros riesgos, a la posible vulneración
de la confidencialidad y a la generación de observaciones o
referencias incorrectas (DOAJ, s. f.). La revista debería definir
expresamente qué usos están permitidos, cuáles están prohibidos y
qué obligaciones de transparencia corresponden.
Todas estas reglas deben traducirse en
una política de arbitraje accesible desde el sitio web de la
revista. No es suficiente declarar que los artículos se someten a
«arbitraje doble ciego». Esa expresión describe una modalidad de
evaluación, pero no informa cómo se toman las decisiones cuando los
dictámenes son divergentes o qué sucede después de una revisión.
En definitiva, a modo de conclusión,
podemos decir lo siguiente:
a los árbitros aportan conocimiento
especializado;
b los autores tienen derecho a conocer
y responder las objeciones; y
c el editor debe integrar esos
elementos en una decisión razonada.
El doble ciego protege la independencia
de la evaluación, pero es la calidad de la gestión editorial la que
permite que esa independencia se traduzca en un procedimiento justo,
eficiente y científicamente confiable.
Referencias bibliográficas (algunas
son buenas prácticas, otras criterios de la editorial específica)
Committee on Publication
Ethics. (2017). COPE ethical guidelines for peer reviewers (Version
2). https://doi.org/10.24318/cope.2019.1.9
Committee on Publication
Ethics. (s. f.). Core practices.
https://publicationethics.org/core-practices
Directory of Open Access
Journals. (s. f.). Guide to applying. https://doaj.org/apply/guide/
Elsevier. (s. f.-a).
Publish in a journal: Submission and awaiting decision.
https://www.elsevier.com/publishing/publish-in-a-journal/submission-and-decision
Elsevier. (s. f.-b). Peer
review process for journals. Digital Commons.
https://digitalcommons.elsevier.com/en_US/journal-editorial-process-and-peer-review/peer-review-process-for-journals
Elsevier. (s. f.-c). How
to conduct a review. https://www.elsevier.com/reviewer/how-to-review
Elsevier. (s. f.-d). Peer
review and resubmission.
https://www.elsevier.com/publishing/publish-in-a-journal/peer-review-and-resubmission