Serie PI para desarrolladores de software – Diez post de PI #BibliotecaPIAplicada
La inteligencia artificial está modificando rápidamente la actividad de los desarrolladores, como la de todo el mundo. En este tema, una parte del código hoy puede ser escrita directamente por una persona y otra parte puede ser sugerida, completada, transformada o generada mediante herramientas de IA.
Esto ha introducido una nueva dimensión en la gestión de propiedad intelectual.
En primer lugar, hay que preguntarse quién es el autor de un código generado con inteligencia artificial. La respuesta no debería buscarse en una afirmación automática del tipo “si lo utilizó un programador, todo es suyo” ni en la contraria “si lo generó una IA, nadie tiene derechos”.
La cuestión depende de las circunstancias concretas de creación y del grado de intervención humana.
En Uruguay, la base de la respuesta se encuentra en la ley n.° 9.739 que, como hemos ya comentado en esta serie, protege las creaciones intelectuales por derecho de autor y contempla expresamente los programas de ordenador como obra protegida.
Sin embargo, el uso de IA introduce interrogantes adicionales, del tipo de las siguientes:
a ¿quién diseñó el problema que debía resolverse?
b ¿quién formuló las instrucciones?
c ¿quién seleccionó la respuesta?
d ¿quién modificó el código?
e ¿quién integró el resultado?
f ¿quién realizó la depuración?
g ¿qué elementos fueron creados autónomamente por la herramienta?
h ¿la herramienta fue autorizada para utilizar los datos introducidos?
i ¿qué condiciones contractuales tiene el proveedor de IA?, entre otras variables para considerar.
En segundo lugar, hay quepreguntarse si el código generado puede incorporar material protegido de terceros. Un desarrollador puede recibir una sugerencia aparentemente original que, sin saberlo, reproduzca una estructura o fragmento existente. Por eso, utilizar IA no elimina la necesidad de revisar el código. La empresa debería establecer políticas sobre el uso de herramientas generativas, especialmente cuando se incorporan al desarrollo profesional.
Conviene determinar, entre otros factores:
a qué herramientas están autorizadas;
b qué información puede introducirse;
c qué información está prohibido introducir;
d quién revisa el código generado;
e cómo se documenta su utilización;
f cómo se verifica la procedencia de componentes;
g cómo se gestiona la confidencialidad;
h quién asume las responsabilidades contractuales frente al cliente.
También hay que analizar especialmente cuando se introduce en una herramienta externa lo que puede ser código fuente confidencial o información de clientes. En este caso, el problema deja de ser exclusivamente de propiedad intelectual y puede involucrar también secreto empresarial, confidencialidad, protección de datos y obligaciones contractuales.
El desarrollador profesional debería adoptar, por tanto, como regla básica, que la IA puede ser una herramienta de desarrollo, pero no sustituye la trazabilidad jurídica del software.
Regla práctica
En proyectos profesionales conviene conservar evidencia de cómo se incorporaron elementos generados o asistidos por IA, especialmente cuando el software tiene valor económico relevante. Se trata de poder explicar a posteriori cómo se creó el activo y bajo qué condiciones.
Imagen: https://publicdomainreview.org/collection/bracelli-s-bizzarie-di-varie-figure-1624/

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