Serie: “Activos intangibles sanitarios, AIS, generados por médicos, enfermeros y demás profesionales o prestadores de servicios de salud” #ActivosIntangiblesSanitarios
La presencia digital de los profesionales y de las instituciones sanitarias ha convertido los hoy llamados “contenidos” en activos empresariales. Una página web, una cuenta profesional en redes sociales, una biblioteca de videos, un podcast, un curso online o un boletín especializado pueden representar una inversión importante y generar valor económico durante años. Igualmente, pueden originar conflictos si no se define quién es titular de los contenidos y quién está autorizado a utilizarlos.
En primer lugar hay que analizar aspectos de derecho de autor. Los textos, fotografías, videos, ilustraciones, infografías y determinados materiales educativos pueden estar protegidos por la Ley N.º 9.739 de 17 de diciembre de 1937. Por ello, cuando una clínica contrata a una agencia para producir contenidos, no debería limitarse a pagar la factura, sino que también debe determinar muy claramente qué derechos recibe.
Hay que dejar en claro si la agencia solamente crea el contenido sin más obligaciones, si la institución sanitaria obtiene una licencia, si existe una cesión de derechos patrimoniales y su alcance, si la institución o empresa sanitaria puede modificar el material o reutilizarlo en otras plataformas, entre muchas otras actividades más que la dinámica tecnológica y de las comunicaciones va planteando día a día. Más compleja se hace la respuesta a estas preguntas si el contenido incorpora la imagen de profesionales o pacientes.
La producción digital puede además incorporar contenidos de terceros, como pueden ser fotografías de bancos de imágenes, música, tipografías, ilustraciones, videos, gráficos o herramientas de inteligencia artificial. Atención que el “está en Internet” no significa “es libre de utilizar”.
La inteligencia artificial introduce un problema adicional. En una institución sanitaria puede utilizarse IA para generar textos, resumir documentos, producir materiales de comunicación, elaborar presentaciones, organizar información o desarrollar herramientas tecnológicas. Sin embargo, hay que tener muy claro, antes de introducir información en un sistema de IA, qué información se está introduciendo y qué tratamiento recibirá.
La prudencia es muy importante cuando se trata de datos de pacientes. No debería cargarse información identificable de una persona en una herramienta tecnológica simplemente porque resulte útil para obtener un resultado. Antes de proceder a ello debe analizarse el tratamiento de datos, las condiciones del proveedor, la finalidad y las medidas de seguridad.
No se trata de valorar este tema solamente en una dimensión jurídica, hay consideraciones típicamente empresariales para analizar. Una filtración de información puede generar costos económicos, pérdida de confianza, interrupción de operaciones y problemas contractuales, además de las consecuencias jurídicas que correspondan.
Por otra parte, la IA también puede afectar la titularidad y explotación de los contenidos. Si una clínica contrata a un proveedor para generar material mediante IA, debería establecer quién puede utilizar el resultado, qué responsabilidad asume el proveedor y qué materiales de entrada se utilizaron. Si un profesional utiliza IA para preparar un curso, debería revisar cuidadosamente el resultado antes de publicarlo, tanto por razones de exactitud profesional como por cuestiones relativas a fuentes, derechos de terceros y confidencialidad.
Hay que conservar datos, información, respecto de quién produjo el contenido, cuándo, con qué herramientas, quién aportó fotografías, qué materiales de terceros se utilizaron y qué autorizaciones existen puede ser importante para acreditar derechos. Es una cautela prácticamente ineludible.
Por añadidura, las redes sociales agregan otra dificultad, como lo es que el contenido puede ser técnicamente publicado desde una cuenta institucional pero creado por una persona concreta. Hay que poder responder a interrogantes como quién es el titular del material si lo creó un profesional contratado, si este profesional puede llevarse el contenido cuando termina la relación, quién controla la cuenta, quién posee las contraseñas, qué sucede con la comunidad de seguidores.
Estos son temas típicos de la gestión de activos intangibles en la economía digital.

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