Serie: Due Diligence - Diez posts para juristas
El término Due Diligence proviene del derecho anglosajón y encuentra su origen normativo en la legislación bursátil estadounidense de los años treinta del siglo XX, particularmente en la Securities Act de 1933. Esta norma estableció una defensa legal - la llamada "due diligence defense" - disponible para underwriters y otros intervinientes en una emisión de valores, quienes podían eximirse de responsabilidad por declaraciones falsas o inexactas en un prospecto si demostraban haber actuado con la diligencia razonable exigible, es decir, si habían investigado adecuadamente la información antes de hacerla pública.
De esta raíz procesal y defensiva, el concepto se fue trasladando progresivamente hacia el ámbito de los negocios. A partir de mediados del siglo XX, y con mayor intensidad desde los años ochenta, coincidiendo con la expansión de las operaciones de fusiones y adquisiciones en Estados Unidos y el Reino Unido, la Due Diligence dejó de ser exclusivamente una defensa frente a la responsabilidad y pasó a convertirse en una etapa estructural y esperable de cualquier operación societaria de envergadura. Los grandes estudios jurídicos anglosajones desarrollaron metodologías, checklists y estructuras de informe propias que luego se expandieron al resto del mundo junto con la práctica misma del M&A.
En los sistemas de tradición continental, la incorporación de la Due Diligence fue más tardía y se dio de la mano de la internacionalización de las operaciones corporativas y de la creciente presencia de fondos de inversión, bancos de inversión y estudios internacionales en los mercados locales. Actualmente, en la práctica se ha consolidado como un estándar transversal, aplicado no solo en el M&A (mergers and acquisitions) clásico, sino también en financiamientos, procesos de salida a bolsa, reestructuraciones, joint ventures y, más recientemente, en operaciones de private equity y venture capital, donde adquiere modalidades específicas adaptadas a startups y compañías en etapas tempranas.
Imagen: Bernard Sleigh’s Anciente Mappe of Fairyland (ca. 1920)
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