Serie PI para editores de libros – Diez posts de PI #BibliotecaPIAplicada
El trabajo y las responsabilidades en torno a la publicación de un libro no terminan con su llegada a las librerías. Una vez que la obra circula, puede aparecer reproducida en páginas web, redes sociales, repositorios, aplicaciones, servicios de mensajería, plataformas de lectura o archivos digitales. Y todo esto puede ser careciendo de la autorización legal de la editorial o del titular de derechos correspondientes.
Por eso es claro que la gestión de propiedad intelectual continúa después de la publicación.
Una copia digital puede viajar mucho más rápido que un libro físico. La reproducción no autorizada de un PDF puede poner a disposición de numerosas personas el contenido completo de una obra. Pero también existen formas parciales de explotación, si toman partes integrantes del libro como ser capítulos, fotografías, ilustraciones, audiolibros, traducciones, fragmentos extensos, versiones modificadas.
La Ley de Derechos de Autor califica como infracciones determinadas formas de reproducción, distribución y puesta a disposición no autorizadas. Por eso, el editor debería establecer desde el comienzo quién controla estas situaciones.
¿Quién puede reclamar? La respuesta dependerá de los derechos que el editor haya adquirido. Si recibió derechos suficientes, éste podrá actuar dentro del alcance de esa titularidad o autorización. Pero si determinados derechos fueron reservados al autor, la situación puede ser diferente. Esta es otra razón para que el contrato sea preciso.
Monitorización. No todas las editoriales necesitan sistemas sofisticados, pero conviene realizar búsquedas o seguimientos on line periódicas de título, nombre del autor, frases distintivas, ISBN, versiones digitales. En determinados casos pueden utilizarse servicios especializados de vigilancia.
Plataformas. Cuando una copia no autorizada aparece en una plataforma, el editor puede analizar los mecanismos de denuncia y retiro disponibles. La documentación resulta esencial a efectos de los correspondientes reclamos. Conviene conservar la identificación de la obra, copia del contrato, evidencia de titularidad, URL, captura o registro de la infracción, fecha, material infractor. Una reacción ordenada suele ser mucho más efectiva que una discusión informal.
DRM y medidas tecnológicas. Las publicaciones digitales pueden utilizar diferentes medidas técnicas de protección. No existe una solución tecnológica perfecta. Además, las medidas de protección deben evaluarse desde una perspectiva comercial: una herramienta demasiado restrictiva puede perjudicar la experiencia legítima del lector.
Piratería y negocio. La lucha contra la reproducción ilícita no debería reducirse a una cuestión abstractamente jurídica. Tiene consecuencias empresariales negativas, tales como pérdida de ventas, desvalorización de licencias, competencia desleal, pérdida de control sobre el mercado, circulación de versiones defectuosas. Proteger derechos también es proteger el activo económico de la editorial.
ERROR: “si está en Internet ya no se puede hacer nada”
La circulación digital no elimina los derechos. La facilidad de copia tampoco convierte una obra protegida en obra libre. Lo que cambia es la estrategia de gestión. La editorial necesita combinar contrato, documentación, vigilancia y herramientas de reacción.
Checklist
Continúan las interrogantes cuya respuesta corresponde tener al editor, después de publicar, entre las que destacamos las siguientes.
¿Quién controla los derechos digitales?
¿Quién puede denunciar infracciones?
¿Dónde se monitorea?
¿Tenemos documentación?
¿Tenemos una política para plataformas?
¿Quién decide iniciar una acción?
¿Qué costos y beneficios tiene cada respuesta?
La propiedad intelectual no termina cuando el libro sale de imprenta. En el entorno digital, publicar es comenzar una nueva etapa de gestión de derechos.
Biblioteca de Propiedad Intelectual Aplicada:
https://derechocomercialbeatrizbugallo.blogspot.com/p/biblioteca-de-propiedad-intelectual.html
Fotografía: Palacio Nacional, Sintra, Portugal. © Beatriz Bugallo, 2016
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